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martes, 28 de abril de 2009

Macondo


Por Roberto Azaretto

Un destacado analista político nacional, cuando Gerardo Zamora triunfó el 27 de febrero del 2005, describía al Santiago del Estero anterior a la intervención federal encabezada por Pablo Lanusse, como una provincia “ante la cual Macondo era Manhattan”.

¿Qué otra cosa se podía decir de una provincia cuya Legislatura estaba integrada en gran parte por gente que hacía de la misma una corte de los milagros? Un grupo donde no faltaban los facinerosos y los adulones serviles que llegaron a proclamar al matrimonio Juárez como “protectores ilustres de la provincia”; una conducta abyecta que no ha sido castigada como corresponde. Por eso ni siquiera llegaba a ser Macondo, el pueblo del “Cien años de Soledad” de García Márquez.

Cuatro años después, a pesar de las esperanzas en un cambio que despertara a la provincia de medio siglo de decadencia y empobrecimiento debidos al juarismo, sinónimo del atraso, de la pobreza, del sometimiento de los pueblos de todos los confines del territorio, hoy seguimos en Macondo.

Los diarios del domingo pasado publicaron sobre lo resuelto por la Convención del radicalismo de la provincia. Es decir nos toman por tontos. ¿Creen que no sabemos que en el Liberal hay un censor?, y que en el otro diario tienen intereses muy concretos que les hacen usufructuar los fondos del presupuesto provincial. ¿Creen que nadie sabe que el radicalismo de la provincia está intervenido y que esto ha sido confirmado por la Cámara Nacional Electoral, por lo que el flamante juez federal, cuya designación ha sido repudiada en todas las publicaciones jurídicas nacionales, por haber sacado un puntaje que lo colocó en el décimo tercer lugar en la lista de concursantes, tendrá que dejar de cajonear el expediente. Aclaro, creo que el juez es una buena persona, pero sus notas lo ubicaron decimotercero, por lo tanto no puede ser un juez legitimo, pues se han violado las leyes para designarlo.

¿Por qué no concurrieron  delegados santiagueños a la Convención Nacional de la Unión Cívica Radical, en Mar del Plata? Porque sabían que no serían admitidos, a raíz de que prefirieron medrar con el gobierno nacional, dejando de lado los principios. Fue un reacomodamiento en el que nadie se sacrificó para sacar a la provincia del atraso y la pobreza, sino que para que la plata vaya en manos de un grupo de vivillos del sector privado en contubernio con el gobierno de la provincia, cuyos integrantes no disimulan y exhiben un tren de vida del que carecían cuando llegaron al poder.

Esto lo sabe el país, por lo menos los grupos dirigenciales más gravitantes de la Nación, que tiene en claro que nada cambió en estos años.

De alguna manera, Zamora ha concretado el sueño de Néstor Kirchner. Por ejemplo, contar con una Legislatura integrada por nulidades y el silenciamiento de una de las dos figuras nacionales de la provincia como es el caso de José Zavalía, que le  hace pasar papelones a los diputados oficialistas, aunque no salga en los medios. Por eso Kichner sueña con que la Nación, Clarín, A dos Voces, Morales Solá, o Grondona, Tenembaun o el terceto de tres poderes sean sordos, mudos y ciegos; como la mayor parte del periodismo local.

La pregunta en otras provincias o en Buenos Aires es ¿cómo no hay una reacción? Tan dependiente es el pueblo de las limosnas de una dirigencia que no merece el nombre de tal y es simplemente una oligarquía mucho peor que las oligarquías de otros tiempos. Por lo menos aquellas eran cultas y tenían más estilo.

martes, 24 de marzo de 2009

No hacerles el juego



Por   Roberto Azaretto    

El ex presidente Néstor Kirchner cree en la confrontación permanente para acumular poder. No es malo pretender construir poder, pero lo que sí es malo es recurrir a cualquier método para obtenerlo y acrecentarlo y no tener en claro qué hacer cuando se goza del mismo.

Las constituciones se han redactado para poner límites al poder, y para controlarlo, porque ante todo están lo derechos de los pueblos y sus libertades. Nadie puede arrogarse ser en defensor del pueblo. La realidad enseña que las banderas en que se envuelven muchos de abanderados de los pueblos, de los pobres, de los humildes, son simplemente la utilización del pueblo para sus fines propios.                      

Cuando se habla de limitación del poder, hablamos de toda la soberanía, sea de un monarca, de una aristocracia o de una circunstancial mayoría electoral. Pueden agraviar las libertades fundamentales un monarca hereditario como una legislatura obsecuente que vota cualquier cosa fuera de lo que marcan las Constitución y las leyes, como un Ejecutivo elegido por el voto popular.

Incluso las repúblicas se convierten en casos degradantes porque se transforman en hereditarias, como pasa en Siria, Corea del Norte y, duele decirlo, en nuestro país.

A Kirchner lo le importa que la república se degrade. Pasa por sobre la Constitución y las leyes, y como ha descubierto que la Argentina no es un campamento petrolero (caso de su Santa Cruz natal), ni todo el pueblo pierde su dignidad cambiando el voto por un bolsín, o un decreto que puede enriquecerlo (porque también hay ricos que no tienen dignidad), busca la confrontación con la sociedad que resiste.

No se confrontan ideas libremente en un debate enriquecedor sobre los destinos del país, sobre su futuro y los caminos para volver a ser un país serio y normal que crezca y de oportunidades a todos. No es malo confrontar ideas en busca de los consensos que pueden convertirse en políticas de Estado.

Se trata de dividir a los argentinos, blanco o negro, los buenos y los malos.
El gobierno ha fracasado, no tiene ideas sobre el porvenir, ha desaprovechado como en ciertas provincias estos seis años de prosperidad mundial con precios para nuestras exportaciones que no teníamos desde la crisis mundial de los treinta. Hay récord de pobreza, no se construyó el equipamiento territorial para logra un desarrollo inclusivo a lo largo y ancho del país. La brecha entre ricos y pobres se ha ensanchado.

Por eso arremete contra todos, fomentando el odio, buscando silenciar a la prensa independiente, o desesperado ante un  Congreso que se niega desde hace un año a convertirse en una escribanía.

Nos quiere encerrar en una opción de él o el caos, cosa que entusiasma a los mediocres, porque en esas opciones pueden ser elegidos senadores y diputados, como los legisladores nacionales que elegimos en esta provincia en octubre del 2007, que forman el bloque de los supermudos.

No lo logrará porque la sociedad argentina no entrará en la trampa. Los argentinos quieren paz, seguridad, libertad, justicia, progreso. Sólo en la paz y la institucionalidad podremos crecer, sin iluminados ni salvadores de la patria, sin desaforados, sin energúmenos.