Mostrando entradas con la etiqueta Carlos David. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Carlos David. Mostrar todas las entradas

martes, 27 de abril de 2010

La corrupción, la verdad y la credibilidad en el “caso del hijo de Infante”

Carlos David
 O estamos embrujados o estamos rodeados de corruptos. Primero Julio Alegre y hoy, supuestamente, el hijo del actual intendente Hugo Infante quien, según una noticia publicada en el Diario Perfil, estaría involucrado en un caso de violación a una menor. Independientemente de este deleznable acto, me hago eco de una palabras del padre de la niña en su dialogo con el periodista Edgardo Guantay, cuando le preguntó: “Y ¿usted cree que él pagará por lo que hizo?”.
-“Me gustaría que fuese así, pero estoy convencido que por ser un hijo del poder va a terminar zafando. Por lo que conozco, tiene antecedentes”.
Una respuesta que demuestra una relación estrecha entre la corrupción, la justicia, el Estado de Derecho, los derechos humanos, la reducción de la pobreza y la gobernabilidad si el Estado y, por ende, los gobernantes, usan la inmunidad como impunidad, fomentan el cinismo, la desesperanza, la indignación y terminan por envilecer y desmoralizar al pueblo, generando un estado total de inseguridad jurídica. Demuestra también que al estar politizados los contralores, fiscalizadores y, sobre todo, con una justicia que forma parte del clientelismo político, elevan la desconfianza en la gente haciéndolos sentir impotentes frente a la corrupción, pues prevalece la impunidad.
La corrupción alimenta la desmoralización y la desconfianza hacia los que gobiernan. Envilece e incapacita al pueblo. La corrupción genera una apatía hacia una cultura de denuncia. El pueblo se siente impotente, afectado en sus derechos porque siempre prevalece la impunidad avalada por la inmunidad en que se escudan los corruptos, y ante la falta de voluntad política para atacar este mal.
La mayoría considera que denunciar un acto de violación, robo, etc., es inútil porque los culpables no serán castigados. Se nos pide que creamos en la democracia. Pero ¿cómo hacerlo si la cultura en que vivimos es una cultura de la desconfianza? ¿Cómo hacerlo si sólo a través de la mentira y la estratagema se logra algo? ¿Será posible que la mayoría de los ciudadanos que tratan de vivir con honradez no puedan colocar a la luz del día hechos de honradez que sustituyan millones de palabras y tengan así la posibilidad de comenzar de nuevo a creer?
La credibilidad es lo que legitima la autoridad y el ejercicio del poder. No basta hablar o conocer la verdad. Hacerla creíble depende de las actitudes con que la acompañemos. No basta saber la verdad, hay que decirla.
Si el Estado de Derecho es frágil y las leyes no se cumplen o se aplican torcidamente para favorecer intereses de personas o de grupos económicos o políticos, se crean las condiciones para la corrupción. Si un poder del Estado o un gobernante usan la inmunidad como refugio para no responder a requerimientos legales, se cae en la impunidad que entorpece los procesos que aseguran la igualdad de todos los ciudadanos.
La corrupción crea privilegios legales cuando se remite a unos a la vía administrativa y a otros a la vía penal por la comisión de los mismos delitos. No puede haber paz, seguridad, gobernabilidad, ni democracia donde no hay verdad. Castigar a los culpables (de actos de corrupción) es indispensable para romper de una vez con el silencio cómplice a favor de la corrupción.

domingo, 7 de febrero de 2010

Fútbol para todos y, ahora, ¿justicia para todos?

Carlos David

En estos días observo perplejo otra inmoralidad llevada a cabo por el matrimonio presidencial en octubre de 2008, y que recién ahora sale a la luz. No voy a hablar demasiado de lo que significa este nuevo atropello desde lo ético o moral y menos voy a opinar acerca de la forma en que lo justifica un señor extranjero relator de fútbol devenido en analista político y económico en nuestro país, como es Víctor Hugo Morales, de quien solamente digo que en su justificación en su programa radial habla de lo arrepentido que está de haber criticado al ¿ex? presidente Néstor Kirchner luego de escuchar la forma clara y concisa en que este último justificó la operación de la compra de dólares.
Me voy a permitir comentarle a este señor que si tuvo el tupé de pedir disculpas públicamente a Kirchner debe tener el honor de pedirle disculpas a todos sus oyentes por volver a opinar sin saber de qué está hablando.
Como habitualmente trato de hacer, solo hablo de lo que entiendo y, por tanto, me voy a centrar en algunas “desprolijidades” que voluntaria o involuntariamente se están ocultando en todos los comentarios que rondan este hecho:
-El señor Néstor Kirchner justificó la compra de la moneda extranjera para realizar un pago por la compra de un hotel en El Calafate ¿verdadero o falso?  Verdadero. Le creo señor Kirchner.
-Por lo expresado en el punto anterior deduzco que el pago lo realizó en efectivo porque, de lo contrario, no hubiera necesitado comprar los dólares sino simplemente transferir desde una cuenta en pesos a una en dólares del vendedor.
-Si pagó en efectivo y, según lo que disponen las normas impositivas vigentes y reguladas por A.F.I.P. – D.G.I., el señor Kirchner o en nombre de quien él haya actuado no podría computar como gasto ni tampoco tomar el crédito fiscal de cualquiera de los tributos administrados por A.F.I.P., ya que es obligación realizar los pagos superiores a pesos diez mil ($10.000,00) con cheque cruzado y “no a la orden”, de lo contrario será impugnado el gasto.
-Aparece entonces otro tema: no pasó por su cuenta bancaria, algo que debería haber pasado y de tal forma se evitó tributar el “impuesto al cheque” (para denominarlo en la forma en que lo conoce la gente) y que es el seis por mil (0,6 %) de las acreditaciones en cuenta y el seis por mil (0,6 %) de los cheques emitidos, que suman el uno con veinte por ciento (1,20 %) de la operación.
-Si consideramos que en la fecha mencionada (octubre de 2008) el dólar estaba alrededor de $3,30 estaríamos hablando de una suma de pesos seis millones seiscientos mil ($ 6.600.000,00) cuyo 1,2% ascendería a la suma de pesos setenta y nueve mil doscientos ($ 79.200,00) que el señor Kirchner evadió.
-Si a esto le sumamos los importes que seguramente descontó como gastos en su correspondiente declaración jurada de impuesto a las ganancias (por ejemplo la amortización del edificio, los honorarios de escrituración relacionados con la compra, etc. etc.) y no correspondía computar (punto 3) estamos ante una suma realmente importante evadida por el ¿ex? Presidente y, sin dudas, le cabe la ley penal tributaria por su actuación. Y en estas sumas no estoy contando intereses y multas previstas por la ley de procedimiento fiscal 11.688.
 No es mi deseo extenderme en el tema, simplemente tratar de aportar algo a quienes corresponda: oposición, fiscales, jueces, ciudadanos responsables, etc.

lunes, 25 de enero de 2010

Análisis de un régimen


Carlos David



En la pelea contra los medios, contra Redrado, Cobos, el campo, la oposición, en fin,  contra todos los argentinos, a los Khitler les importa un bledo los índices alarmantes de pobreza, indigencia, desocupación, inflación, mortalidad infantil y ahora, las sentencias judiciales. Lo que para ellos y su tropa khitlerianas se reduce a porcentajes y comparaciones, para los pobres se trata de vida o muerte.

No podrán  sobrevivir con un gobierno que se llena la boca con la palabra solidaridad pero que nada hace para luchar en contra de la pobreza, de la indigencia. Los Khitler despilfarran millones de pesos en los oropeles de la política barata y dejan otro tanto en los bolsillos de los pillotendentes, ladronadores, legisladrones y cuantos ones hay en el gobierno. Para los pobres e indigentes, que son millones, el hambre y las necesidades constituyen amenazas de muerte real. Los desvalidos carecen de voz y su presencia no cuenta hoy.
Solo se acuerdan en las lides electorales. En un polo están nuestros Fuhrers y sus idolatras, y en el otro, los miserables que nunca dejarán de estorbar y con los que ni siquiera  pueden jugar al juego perverso de las igualdades cuando besan y abrazan a los niños pobres para las fotos de la democracia o para que hablar en tiempos electorales.
Los sujetos de la miseria pertenecen al grupo de los sujetos anónimos que ni siquiera son candidatos a los vales de la ignominia pues, por falta de identificación, no aparecen como ciudadanos. Acaso la única tarjeta de identidad sea su mugre, su analfabetismo y esa anemia crónica que los delata. Mujeres y niños del desamparo social deambulan por las calles de nuestras ciudades en forma de cuerpos que hurgan las basuras de los otros en pos de un mendrugo de pan, de una fruta a medio dañar, de cualquier cosa que sirva para engañar al hambre que carcome la existencia.
La miseria crece al mismo ritmo que la corrupción. Ahí nos encontramos en los primeros lugares como si se tratase de una justa olímpica en la que nos llevan, al paso que vamos, a conseguir la medalla de oro. Luchan enconadamente para que la corrupción  sea de todos.
No se trata tan solo del robo de los bienes públicos, sino también de su mala utilización, de la no transparencia en adquisiciones y contratos, del silencio cómplice de las autoridades, de la ineficacia de la justicia en algunos casos y de limpiarse el trasero con sus sentencia en otro.
Los sistemas de control, todos manejados por comandantes de las KK,  hacen la vista gorda ante las irregularidades que  se cometen, ante la corrupción de la palabra dada y no cumplida, de los ofrecimientos vacíos, de las normas violentadas según el antojo del los Fuhrers.

martes, 12 de enero de 2010

Se desacata la tropa kitlerista


Carlos David*

Primero fue el vicepresidente Julio Cobos. Hoy, nada más y nada menos que Martín Redrado, el presidente del Banco Central, quien se sumó a las huestes de los desacatados del Kitlerismo, haciendo pito catalán a una expresa instrucción de la Presidente y del ex Presidente en ejercicio, de utilizar un fangote de guita de las reservas del Banco Central bautizado como Fondo del Bicentenario, so pretexto de ser utilizados para pagar vencimientos de la deuda externa argentina.
Ambos desacatados  tienen fundamentos comunes en su acción. Al emitir su voto “no positivo” el vicepresidente utilizó la facultad constitucional de desempatar una votación dándole la espalda al gobierno, según él, para el mantenimiento de la paz social -claramente alterada por la resolución 125- y, nada tonto el mendocino,  olfateó que tal rebeldía lo pondría en alta consideración pública y en la cima de la moda encuestadora. Por su parte, el economista Martín Redrado fundamentó su negativa de sacar la guita refregándoles el as de espada: el artículo 1° de la  Carta Orgánica el que dice que  la misión del BCRA es la de “preservar el valor de la moneda” y que, en virtud de tal cometido, “el Banco no estará sujeto a órdenes, indicaciones o instrucciones del Poder Ejecutivo Nacional” en lo que respecta a la “formulación y ejecución de la política monetaria y financiera” (artículo 3°), lo que en castellano quiere decir que Redrado no está obligado a obedecer a la Presidente en el cumplimiento de su rol institucional ni mucho menos a presentarle su renuncia.
Su patrón es el Congreso, no Cristina Fernández ni Néstor Kitler (a) “Adolf” ni mucho menos Kanibal Fernández, (léase Casa Rosada). Si una decisión del Kitlerismo o del Poder Ejecutivo pone en riesgo sus deberes, es su responsabilidad resistirla. Es la misma coartada del vicepresidente, ahora vigorizada por una opinión pública.
Las similitudes entre Cobos y Redrado son totales. En ambos casos, al doble comando le salió el tiro por la culata pues con sus incoherencias han transformado dos cargos
de perfiles nulos, sin ningún efecto sobre las masas,  en testimonios de resistencia efectiva y símbolos de la dignidad inmanente al respeto por la ley.
En rigor, la conducta de Redrado es coherente con la ley. No es un mero capricho. Sólo resta averiguar si él intenta posicionarse para la Argentina política del futuro próximo. Kitler, su esposa Eva, perdón, Cristina, y su estado mayor pasaron por alto una  máxima estratégica que aconseja: “No inicies batallas que no puedan ganarse”.
También ahora, como lo hizo con Cobos, el gobierno se ha metido en una crisis institucional en la que es particularmente vulnerable, sencillamente porque no tiene las herramientas necesarias como para forzar a los desacatados a hacer lo que desea. Y, menos ahora, cuando aparentemente la escribanía ha cambiado de mano.
* Ingeniero industrial.

martes, 3 de noviembre de 2009

Estúpidos, oligarcas eran los de antes


Por el ingeniero industrial Carlos David

Se llamaba oligarcas a quienes tenían mas de 5.000 hás., donde criaban y engordaban miles de cabezas de ganado, dando trabajo a unos pocos peones, a los que, generalmente, les pagaban con vales que debían canjear por mercadería en el almacén más cercano de la zona.

Resulta que ahora, según el gobierno de los K, oligarcas son los que poseen entre 50 y 300 hás., donde se produce el alimento para nuestro país y el mundo. Por eso hay que decir que oligarcas eran los de antes.

Con la nueva forma de pensar y de hablar que emplea el gobierno kirchnerista, la oligarquía ha cambiado su posición económica y es justo decir que estos nuevos oligarcas son dignos y merecedores de lo poco o mucho que tienen, porque lo han hecho trabajando.

En cambio existen muchos representantes del pueblo que parecen ser de la vieja oligarquía, pues han embolsado millones y millones de pesos estando detrás de un escritorio, sin realizar trabajo alguno. Entonces me pregunto, ¿cuál de las oligarquías prefiere el ciudadano? ¿La que produce el alimento o la que nos lo quita de la boca sin miramiento alguno?

No es fácil para un neófito en materia agropecuaria tomar partido en el conflicto de la vieja oligarquía contra la nueva oligarquía (gobierno contra campo), provocado por las exorbitantes retenciones a las exportaciones de granos.

Si la Presidenta quiere emparejar a las clases sociales que lo haga, pero no igualando hacia abajo.

martes, 6 de octubre de 2009

Un proyecto de ley faccioso o mafioso?


Por el ingeniero industrial Carlos David

La guerra entre los medios de comunicación y el gobierno se va recalentando a medida que se acerca la hora de definición en el Congreso. El proyecto del Ejecutivo tiene munición pesada dirigida expresamente a Clarín, y en menor grado a Multimedios Uno, Telefónica, Telecom, y Prisa, entre otros. También son golpeados por las esquirlas los sistemas independientes de TV por cable, amenazados por un potencial permiso para que los monopolios de servicios públicos regionales capten a sus clientes. Le siguen los canales abiertos del interior del país, reconvertidos. Y en otra escala, las principales radios de cobertura nacional.

Desde hace varios años la Argentina reclama una nueva ley de comunicaciones. Lamentablemente, no hubo gobierno desde el 83, hasta ahora, decidido a cambiar las reglas de juego. Los K, ni lerdos ni perezosos, pese a las urgencias sociales que sufre el país, presentaron un proyecto de ley que se viste de "reivindicador", "anti monopólico" y de "defensor del derecho de expresión". Pero, es otra mentira más.

El proyecto de los K muestra más veneno que remedio y demasiados agujeros negros, que bien pueden ser aprovechados por regímenes dictatoriales y negociantes y /o para negociados indecentes. La Argentina sabe que el poder de Clarín es grande gracias a la venia de los gobiernos, en especial del encabezado por el propio Néstor Kirchner (ahora jefe de gobierno "entre las sombras"). Al pelearse los K con Clarín, por intereses no confesados, el ataque del gobierno es hoy, brutalmente explícito. Lo ha mostrado sin ocultamientos. Kirchner no soporta a los enemigos. Ha llevado al país a un nivel de autodestrucción económica, financiera y social sin precedentes porque no pudo someter a uno de los sectores de la producción nacional, el agrícola-ganadero.

Los Kirchner y su séquito de funcionarios funcionales hacen sus deberes con fruición. El proyecto de ley, que, más que seguro será aprobado por los androides parlamentarios no sólo busca destruir a los enemigos de ocasión y a la libertad de expresión sino también conlleva negocios para todo aquel que decida plegarse a su juego.

sábado, 3 de octubre de 2009

La Argentina o Corruptilandia, vos eliges


Por Carlos David, ingeniero industrial.

Lo que ocurre en la República Argentina es, a mi criterio, causado por una “crisis moral de nuestra sociedad”. Veamos, la moral en la Nación ha dejado de existir simultáneamente con la independencia de los poderes y el cumplimiento de los principios constitucionales.

Tenemos un “chantamento”, “charlamento” o Parlamento, como ustedes quieran llamarlo, totalmente servil que obedece sin inmutarse las órdenes más inmorales que jamás se hayan dado a un grupo de dependientes, porque así se los debe llamar a los chantamentarios, dependientes. Con leyes que prorrogan las inconstitucionales facultades legislativas, las estadísticas y metodología del Indec, la actual estructura del Consejo de la Magistratura, la intromisión en negocios deportivos para nada claros, una ley de radiodifusión que, según los analistas internacionales es similar a la de la Venezuela del petrolero Hugo Chávez.

Todo esto me hace presumir que en nuestro país no hay ningún límite fijado para al poder desmedido, descontrolado y compulsivo de un gobierno, el nuestro, que está obsesionado en ver enemigos, conspiradores, que niega a gritos la existencia y el aumento de la pobreza, la desigualdad, la injusticia, la inseguridad, el narcotráfico, el analfabetismo y, como si esto fuera poco, la corrupción.

Sin embargo, y mal que nos pese, hay que reconocerle un mérito: han abierto el camino para que la Argentina se convierta en la nueva Corruptilandia, pais donde el que no sea “inmoral” no tendrá lugar. Han desparramado el virus de la corrupción contagiando gravemente a la mayoría de nuestra sociedad en forma fulminante, más que cualquier pandemia conocida. Los que resisten al virus serán perseguidos por los enfermos para lograr su contagio o. por el contrario, acusarlos por no dejarse contagiar. Quien se mantenga inmune al contagio será aislado y se informará a la sociedad mayoritariamente enferma que este ciudadano no es digno y será discriminado por los principales padrinos de la “inmoralidad”.

La Argentina no tendrá salida mientras los que sufren esta enfermedad sigan manejando la Nación. Por el contrario, nos hundiremos aún más. Recuerden que los inmorales al igual que los psicópatas no sienten culpa alguna y, como estén en el poder, pueden ordenar a los chantamentarios y/o parlamentarios que dicten una ley de amnistía. Debemos recordar que amnistía es un acto por el que el gobierno perdona, casi siempre, las injusticias que ha cometido.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

La corrupción, la verdad y la credibilidad


Por el ingeniero Carlos David

Existe una relación estrecha entre la corrupción, la reducción de la pobreza, el Estado de Derecho, la gobernabilidad y los derechos humanos. Si el Estado usa la inmunidad como impunidad, fomenta el cinismo, la desesperanza, la indignación y termina por envilecer y desmoralizar generando un estado total de inseguridad jurídica, ya que al estar politizados los contralores, fiscalizadores y la justicia, al ser parte del clientelismo político, eleva la desconfianza en la gente, haciéndola sentir impotente frente a la corrupción.

La corrupción alimenta la desmoralización y la desconfianza hacia los que gobiernan, hacia los líderes del país. Envilece e incapacita al pueblo. La corrupción genera una apatía hacia una cultura de denuncia. El pueblo se siente impotente, afectado en sus derechos porque siempre prevalece la impunidad, avalada por la inmunidad en que se escudan los corruptos y ante la falta de voluntad política para atacar este mal.

La mayoría considera que denunciar la corrupción es inútil porque los culpables no serán castigados. Se nos pide que creamos en la democracia, en el Presidente, en el Congreso, en los jueces. ¿Pero cómo hacerlo si la cultura en que vivimos es una cultura de la desconfianza? ¿Cómo hacerlo si sólo a través de la mentira y la estratagema se logra algo? ¿Será posible que la mayoría de los ciudadanos que tratan de vivir con honradez no puedan colocar a la luz del día hechos de honradez que sustituyan millones de palabras y tengan así la posibilidad de comenzar de nuevo a creer?

La credibilidad es lo que legitima la autoridad y el ejercicio del poder. Deben desterrarse “agendas secretas” para negociar lo que no es negociable, o decir unas cosas a los medios cuando en realidad son otras las motivaciones ocultas. No basta hablar de la verdad o conocer la verdad. Hacerla creíble depende de las actitudes con que la acompañemos. No basta saber la verdad, hay que decirla.

Se debe constatar que la veracidad en las relaciones entre gobernantes y gobernados; la transparencia en la administración pública; la imparcialidad en el servicio de la cosa pública; el respeto de los derechos de los adversarios políticos; la tutela de los derechos de los acusados, contra procesos y condenas sumarias; el uso honesto del dinero público; el rechazo de medios ilícitos para conquistar, mantener o aumentar a cualquier costo el poder, son principios que tienen su base fundamental en el valor trascendente de la persona y en las exigencias morales objetivas del funcionamiento de los estados.

Si el Estado de Derecho es frágil y las leyes no se cumplen, o se aplican torcidamente para favorecer intereses de personas o de grupos económicos o políticos, se crean las condiciones para la corrupción. Si un poder del Estado usa la inmunidad como refugio para no responder a requerimientos legales, se cae en la impunidad que entorpece los procesos que aseguran la igualdad de todos los ciudadanos. La corrupción crea privilegios legales cuando se remite a unos a la vía administrativa y a otros a la vía Penal por la comisión de los mismos delitos. No puede haber paz, seguridad, gobernabilidad ni democracia donde no hay verdad. Castigar a los culpables (de actos de corrupción) es indispensable para romper de una vez con el silencio cómplice a favor de la corrupción.

lunes, 10 de agosto de 2009

“Cacho” David, candidato a intendente de Monte


Uno de los pueblos más relegados y hasta olvidados es Monte Quemado. Claro, ha soportado intendentes cuestionados, gobiernos poco claros, y ha utilizado millonarios fondos para obras pero sigue sin infraestructura; con pobreza enquistada; deserción escolar, y malísimo servicio de salud.

El año que viene se elegirá un nuevo gobierno municipal y el ingeniero industrial Carlos “Cacho” David, ha anunciado a Arena Política que se postulará como candidato a intendente.

“Los viejos políticos están preparando sus herramientas partidarias para la próxima elección de intendente y concejales, y yo me siento plenamente capaz de dirigir y modificar sustancialmente el destino de mi ciudad natal, pues hasta ahora mi pueblo pensaba que caer estaba permitido, pero para mi y para ellos, levantarse es obligatorio y yo les aseguro, se levantarán los copeños”, prometió David.

Indicó “Estoy seguro de haber demostrado, durante mi gestión de intendente municipal mi capacidad para gobernar con honestidad, partiendo de la base de que los bolsillos de los gobernantes deben ser de cristal. Con claridad, no con silencio, es cómo se exponen los problemas y cómo se demuestra la eficacia y eficiencia de una gestión He sido y he demostrado ser un buen gestor, un buen representante, y los copeños saben perfectamente que un mal gestor nunca será bueno”.

También “Cacho” David explicó que “la dicha de un pueblo depende de un buen gobernante, y por ello la elección de los gobernantes exige una reflexión profunda”.

miércoles, 15 de julio de 2009

Maldita corrupción


Por el ingeniero industrial Carlos David

Día tras día hablamos que la corrupción está instalada en el gobierno haciendo referencia a funcionarios supuestamente corruptos y a hechos de corrupción, como el de la municipalidad de nuestra ciudad, con Julio Alegre a la cabeza, como el de Infraestructura Escolar o los que muy pronto, no se si antes o después de la próxima elección, se conocerán: Vialidad, subsecretaria de Deportes, porcentajes sobre certificados de obra y de licitaciones y muchos otros más.

Olfateamos la descomposición del tejido gubernamental, lo que implica, por definición, que seria un cuerpo corrupto. Pero ¿cómo identificamos un acto de corrupción?

En primer lugar, un acto de corrupción no identifica a un corrupto. Todos, en mayor o menor medida, hemos sido autores, por acción u omisión, de un acto tendiente a corromper un sistema. Quién más o quién menos ha pasado un semáforo en rojo vulnerando la ley de tránsito. Transgredir una norma circunstancialmente no nos hace corruptos. Menos aún cuando reconocemos esa falta y tratamos de reparar el daño si lo hubo.

Pero si cometer un acto de corrupción no nos hace corrupto, ¿cómo identifico a un corrupto? ¿Qué lo caracteriza? ¿Cómo es su perfil? Veamos. En primer lugar, el corrupto no se identifica como corrupto. La persistencia de su actitud es tal que no advierte la gravedad del mal. El repetir una y otra vez actos de corrupción anestesia su conciencia.

Hay todo un camino que comienza con un acto corrupto, por ejemplo, un funcionario que se queda con un vuelto, y poco a poco va admitiendo como natural esa acción, renunciando a la actitud moral una y otra vez. Como la corrupción debe ser enmascarada, el corrupto aparenta lo que no es: veleidoso, narcisista, superficial y acomodaticio. Vale reiterarlo: aparenta lo que no se es. Emplea un camuflaje que le da pingüe ganancia en círculos de poder y sonríe para “la gilada”, ya que siempre se considera mejor que los demás.

“Si él lo hace ¿por qué yo no? Después de todo no soy ningún delincuente. No mato a nadie!”.

Para terminar, me permito sugerir la lectura de “Corrupción y pecado” del cardenal Jorge Bergoglio (edición. Claretiana) del que transcribo un párrafo esclarecedor: “La corrupción no es un acto, sino un estado, estado personal y social, en el que uno se acostumbra a vivir”. Entonces me pregunto ¿Qué tan acostumbrados estamos?

martes, 23 de junio de 2009

El gobierno, los hipermercados y la seguridad


Por el ingeniero industrial Carlos David

El accidente en la ciudad de Fernández es un poderoso llamado de atención al gobierno, tanto provincial como municipal- entiéndase todos - para el dictado de leyes y ordenanzas adecuadas que permitan obrar ante situaciones de peligro que requieren una actuación inmediata y organizada.

No podemos esperar emergencias para recién pensar qué debemos hacer; es responsabilidad gubernamental el dictado de las normas al respecto y, lógicamente, hacerlas cumplir a rajatabla.

Creo que lo sucedido en Fernández desnuda una cruda realidad. La falta de leyes y, si las hubiere, la falta total de control por parte del gobierno, de los sistemas de seguridad y de planes de evacuación de los hipermercados, boliches, etc. A las pruebas me remito. ¿Alguien vio en los hipermercados si las puertas de emergencias o salidas están identificadas? ¿Si las puertas se pueden abrir con facilidad? ¿Si todas las puertas están sin llave y libres de obstáculos y en condiciones de ser abiertas con facilidad y hacia fuera? o ¿si la máxima autoridad del establecimiento tiene en su oficina un tablero general con los duplicados de todas las llaves de las puertas del local, de las oficinas, de los depósitos, etc.?

Otros interrogantes: ¿Las salidas, corredores, pasillos o escaleras son apropiados para circulación rápida en caso de evacuación? ¿Hay extintores en el lugar? ¿Cuántos? ¿En qué estado y qué ubicación? ¿Hay un plano del edificio que grafique las zonas de peligro, las de seguridad y las de evacuación con identificación de las vías de escape, zonas de peligro, de seguridad, sitios de encuentro y refugios, etc.

Sigo preguntando. ¿Alguien vio afiches o carteles de divulgación de normas de procedimientos en caso de incendios, derrumbe o cualquier emergencia que pudiera ocurrir? ¿Se sabe qué sistemas de comunicación hay disponibles y si están a mano los teléfonos de emergencia (bomberos, policía, asistencia sanitaria)?

¿Alguien sabe si disponen de elementos mínimos para atender emergencias: botiquines, escaleras, herramientas, etc.? O ¿si se ha informado y capacitado al personal para prevenir riesgos y enfrentar una situación de emergencia, o si tienen los conocimientos básicos de primeros auxilios? ¿Alguna vez realizaron simulacros de evacuación por grupos, por sectores o en forma masiva? Jamás ví, leí o participe en alguno.

A los señores empresarios les recuerdo que la aparición inesperada de un incendio, fuga de gas, explosión, amenaza de bomba, accidente con lesiones graves, o cualquier otro imprevisto puede poner en serio peligro la integridad de personas y bienes. Por ello, no se debe dejar a la improvisación la organización de los medios materiales y humanos necesarios para hacer frente a la emergencia.

Las empresas deben de estar dotadas de medios de detección, alarma y extinción suficientes para que un equipo humano suficientemente preparado actúe con diligencia y se eviten en lo posible pérdidas materiales y humanas. Un buen plan de emergencia y evacuación que contemple entre otras cosas planes periódicos de formación y adiestramiento de los trabajadores, realización de simulacros, programas de mantenimiento y comprobación de las instalaciones de protección, vías de evacuación y sistemas de emergencia.

A su vez, hay que interrogar a los señores gobernantes sobre la existencia de leyes que contemplen estas emergencias.

Que se ponga el sayo a quien le quepa.

lunes, 8 de junio de 2009

Moral, volvé, te queremos



Por el ingeniero industrial Carlos David

Lisandro de la Torre decía que “molesta más la impunidad que la corrupción”, calidad intrínseca que posee el hombre por realizar actos reñidos con la ética, la ley y la moral, agravados por la justificación de la putrefacción ajena para argumentar la propia.

Carecemos de un orden justo y sin oprimidos para que nuestra libertad pueda ser vivida en sociedad. Hoy, sólo existe una tiranía encubierta en los gobernantes, sumisión en los funcionarios, co-gobierno de poderes, desconcierto y fastidio en la ciudadanía, y falta de justicia por no encontrar la verdad común. Todo esto puesto de manifiesto en las listas testimoniales, pergeñadas en los vacíos legales para así imponer el absurdo y la farsa, en la creencia de que todo lo que no está reglamentado está permitido.

Desde el punto de vista legal no hay nada que prohíba las listas testimoniales”, pero considero que es un total manoseo a la voluntad popular y a las instituciones republicanas. Cuidado, en las listas testimoniales están presentes Dios y el diablo; y, hoy por hoy, los políticos recurren al segundo, que siempre está dispuesto a comprar almas en remate.

No me queda la menor duda de que es una burla obligar a la ciudadanía a votar por alguien que luego, eventualmente, decidirá si asume la nueva función o permanece en su cargo. Estoy plenamente convencido que cuando una persona ha contraído un deber para con su patria, y engaña o miente, está cometiendo una falta sumamente seria y muy preocupante. Si se tuviera conciencia, no debería haber ningún motivo para engañar. Al contrario, debe haber transparencia, eficacia y eficiencia en toda su labor, para mantener la confianza y el respeto de lo demás, pero, lamentablemente, esto es quizás de lo que más carecen la mayoría de nuestros políticos porque han demostrado a través de los años que aspiran llegar a la administración pública para ultrajar y enriquecerse ilícitamente, a costa del sacrificio de un pueblo hambriento y desesperanzado.

Mientras todo esto ocurre, un inocente pueblo, con el corazón afligido, marginado en la miseria, observa cómo el alma indolente de un político se aprovecha de su ignorancia y de su nobleza…Volvé moral, te queremos, te necesitamos, pues nuestra sociedad está perdiendo la credibilidad en quienes se promueven cada año electoral para ocupar un cargo público. Sin duda, cada día les será más difícil convencer a un pueblo que tiene tantas huellas y tanto sufrimiento vividos a lo largo de nuestra historia. Volvé moral, te necesitamos, te queremos pues parece ser que el político y vos no coinciden en sus caracteres y vos sos compatible con todos. Por favor, ingresá al equipo.

sábado, 23 de mayo de 2009

Crisis o decadencia; esa es la cuestión



Por el ingeniero industrial Carlos David

Si analizamos lo que hemos vivido en la Argentina en las décadas del ‘70 ‘80 y ‘90, como por ejemplo el gobierno de Isabel Perón, la subversión, el gobierno militar con su represión descontrolada y la guerra de Malvinas; la hiperinflación, las privatizaciones, el default y el crack económico, amén de la corrupción generalizada, la conclusión es terrorífica.

Es increíble que a lo largo de treinta años hayamos sufrido tantos trastornos políticos, sociales, económicos y jurídicos. Los argentinos hemos vivido mal y por nuestra propia responsabilidad. Si no cambiamos drásticamente, ya, hoy mismo, todo seguirá igual o peor.

Uno solo de estos acontecimientos habría sido suficiente para que otro país cambie su rumbo definitivamente. Nosotros en cambio, persistimos en las mismas costumbres y actitudes que nos llevaron a esas trágicas situaciones.

De ahí que nos debemos preguntar si nuestro país está en crisis o en decadencia. La respuesta es fundamental: quien está en crisis tiene una oportunidad de cambio, entendiéndose esto como crecimiento. Quien está en decadencia solamente puede esperar el derrumbe. Esta cuestión depende exclusivamente del sentido común, de la razón y de la voluntad de los gobernantes y gobernados.

Nuestro país tiene que poner fin a esta absurda indefinición y corregir estos gravísimos errores, Parece increíble que el gobierno nacional y el sector privado no hayan sido capaces de elaborar un plan de coincidencias mínimas, que no exista un programa claro de metas y objetivos, de cumplimiento obligatorio. Nuestra incapacidad de generar estas políticas permite que, la frivolidad, las ansias de poder y la corrupción de los políticos, se enseñoreen de la situación, sin responsabilidad alguna por el fracaso.

En efecto, el estado permanente de emergencia, unido al autoritarismo y la inseguridad jurídica, el aumento inusitado del gasto público y una presión tributaria insoportable, son todos escollos gravísimos para nuestro progreso y crecimiento, ya que impiden el ingreso del capital, elemento generador de empleo y bienestar.

Nos guste o no, no hay otro modo de producir en el mundo, que el modo capitalista. Esto lo han comprendido todas las sociedades que crecen y progresan, y sino veamos a los chinos, a los chilenos. Hoy en día, la diferencia entre capitalismo y socialismo se aplica al modo de distribuir, pero no al modo de producir, que siempre es capitalista.

Más allá de los dislates que aterrorizan a los ahorristas, a los inversores locales y extranjeros y a la falta de inteligencia o de preparación o sencillamente la corrupción de muchos de nuestros políticos, debemos entender que el futuro para los débiles es inalcanzable; para los temerosos, desconocido y para los valientes, es la oportunidad.

Alguien dijo: “los pueblos en decadencia viven acordándose de dónde vienen; los pueblos fuertes sólo necesitan saber a dónde van”, y esto es lo que ya, hoy, urgentemente, necesitamos saber.