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lunes, 13 de septiembre de 2010

¿Una sociedad de ignorantes?

Carlos Berro Madero
Cristina Fernández y Hugo Moyano.
Nuestra sociedad vive el avance incontenible de grandes masas de ignorantes que ya no encuentran dentro de sí ni una pizca de sensatez y racionalidad. Han quedado en manos del despotismo de algunas minorías que promueven entre ellas la caducidad de la cultura y el reinado absoluto del servilismo.
En una época ya pasada, pudimos aspirar a ciertas expectativas de ascenso social (lográndolo temporalmente), porque la educación era una meta “visible” y existía un consenso generalizado acerca de que el esfuerzo premiaba las virtudes de quienes lo abrazaban. Ese escenario se ha terminado.
Asolada por más de cincuenta años de política populista, nuestra sociedad sólo atina a revolver entre los escombros que ha proporcionado una ideología difusa en todo sentido, menos en el hecho de asegurarle a sus adeptos que tienen “merecimientos” por la sola razón de “ser”, sin distinción de “aplicaciones” personales. Los miembros más lúcidos -aquellos que tuvieron la posibilidad de permanecer a flote en el maremoto de la decadencia-, depusieron sus armas hace ya muchos años, condenados por los demás como representantes de “oscuros imperialismos opresores”.
Nivelar por lo más bajo, ha sido desde entonces una constante. La sociedad se ha enfermado finalmente de una ignorancia supina. Todos nos referimos eufemísticamente a ciertos sectores que todavía parecerían estar “a salvo”; pero la verdad es que poco queda de un país donde, a pesar de las injusticias, se respetó alguna vez una escala de valores.
Amén de ello -y para mal de nuestros pecados-, “a la austeridad típica de la economía de ahorro en la acumulación primitiva de capital, sucedió el ocio ostentoso, según la denominación de Thorstein Veblen: una economía de consumo suntuario, lujo y derroche”, como apunta acertadamente Juan José Sebreli. Esto envileció aún más la mente de las grandes masas.
Lo antedicho permanece intacto hasta nuestros días, con el agravante de que el poder ordenador de una república organizada, ha sido reemplazado por subunidades corporativas relativamente autónomas de los poderes del Estado, que han terminado por coordinarse entre sí y convertirnos en sus esclavos. Las organizaciones gremiales sindicales son el ejemplo prototípico de este estado de cosas.
Hoy todos creen que puede lograrse un progreso estructural a través de la obtención de “mejoras” que no están atados nunca a una mayor preparación personal de rendimiento efectivo, sino a unos derechos humanos muy “sui generis”, en nombre de los cuales parece que debiera fomentarse cualquier reivindicación, por más absurda que parezca. Mientras tanto, recitamos largas peroratas discursivas que nos alejan más y más de los principios que debieran regir en una sociedad que procure mejorar su estándar de vida, combatiendo simultáneamente el flagelo de la ignorancia y la incultura.
Quizá en ello radique nuestra palpable desesperanza actual: la voz de la realidad es lo suficientemente sonora como para indicarnos que ningún esfuerzo fructifica si el combate por un futuro mejor choca contra una manifiesta incapacidad de comprender cómo somos y en qué nos hemos convertido. La ignorancia solo justifica el progreso a través de una contienda donde uno mata y el otro muere. En esa tarea se hallan empeñados los Moyano, los Moreno, los Kirchner y algunos otros prominentes representantes de la “izquierda champagne”.
Nada más triste y sobrecogedor.

martes, 24 de agosto de 2010

Los perjuicios de una política intervencionista

Elena Valero Narváez
Cristina Fernández y Hugo Moyano.
Cristina Kirchner sigue consolidando un modelo dirigista. Una de las manifestaciones más visibles es la pretendida defensa que el gobierno hace del consumidor a través del control de precios. Es un mecanismo que perjudica e impide la recuperación económica. Guillermo Moreno se entromete cada vez más en las actividades privadas, amenazando y amedrentando, como es costumbre en los funcionarios de regímenes autoritarios.
Casi todos los que integran este gobierno, llegaron al punto de no distinguir entre las funciones que les corresponden como integrantes del gobierno y las actividades particulares de las personas, cuyas obligaciones terminan cuando cumplen con las normas generales que corresponden a todos por igual.
Comenzaron por controlar algunos bienes y, poco a poco, fueron acentuando el control a muchos otros hasta que consiguieron lo que siempre sucede cuando se toman esas desacertadas medidas: faltan productos en los supermercados, se adulteran y después de algunas quejas la gente se acostumbra y agacha la cabeza.
Mientras, el alza de precios, producto de una política errónea, tantas veces ensayada sin éxito en la Argentina, es descaradamente imputada a los empresarios privados aunque los precios dependan cada vez más de las decisiones del gobierno.
Como la política de controles fracasó, siempre pasa, se buscan chivos expiatorios para hacerlos responsables en vez de decir la verdad que no es otra que la falla del sistema.
Tan obcecados son que niegan a la solución al problema que no es otra que la de implantar la libertad económica para facilitar el libre juego del mercado y permitir la vigorización de las fuerzas del trabajo en procura de aumento de la producción y de la disminución de los precios.
Se sigue sosteniendo una política torpe, intervencionista e ineficaz, que confunde a la opinión pública al traspasar la culpa al empresario.
Por no cambiar de sistema, la producción está cayendo y los precios suben como consecuencia de la incapacidad del estado para manejar ciertos factores económicos que consumidores y productores saben hacer mejor.
El gobierno interviene donde no debe y en cambio deja de hacerlo donde le corresponde. Por ejemplo: por un lado mantiene organismos de control innecesarios en una economía libre y por otro deja de cumplir con el rol de dirigir a las fuerzas de policía para que se respete la vida humana de los argentinos, como lo manda la Constitución.
Mantener la seguridad debiera ejercerse con energía para garantizar las garantías individuales y el respeto que deben tenerse las personas entre sí. Las secciones de los diarios nos muestran un cuadro aflictivo en cuanto a delincuencia y faltas a la decencia ciudadana.
En ése área y no en la actividad privada, se necesita de la intervención y responsabilidad del estado. La sociedad lo reclama y exige para poder vivir sin temor y dormir tranquila. Sin embargo Cristina Kirchner dice que es problema de los jueces.
Las medidas intervencionistas nos llevaron durante gobiernos anteriores al borde de un verdadero desastre. Sin embargo, aún hoy, después de infortunadas experiencias, con inconsciencia e ignorancia, se siguen aplicando.
¿Qué pasará después de las elecciones? ¿Qué cambio propone en materia económica y social la oposición? ¿Desmontará los mecanismos autoritarios implantados para manejar la economía?
¿Se continuará el acrecentamiento del poder gremial en desmedro del sistema de partidos?
¿La esencia del sistema de coerción que aun existe seguirá obligando a obedecer a una antojadiza e ineficaz burocracia?
A medida que la situación económica empeore por fijar arbitrariamente los precios ¿cuáles serán las medidas que propondrán para arreglar la situación?
¿Aprendieron que si el precio no surge del mercado, el gobierno crea una situación de privilegio y discrimina al imponérselo a otros?
¿Son conscientes de que tanto el control sobre los precios y sobre qué debe o no exportarse o importarse provoca que haya más demanda al precio que impone el gobierno que bienes producidos y, por lo tanto, se genera inflación?
Varios de los líderes opositores, ciegos ante problemas importantes, nos prometen igual intervencionismo estatal, bajo la quimera de que mediante ella defenderán mejor los intereses de los argentinos, sin pensar que cuando cedemos en materia de libertades y nos sometemos cada día más al proceder discrecional y arbitrario de una burocracia intervencionista atraemos a la dictadura. La persecución actual, a instituciones fundamentales de la República lo atestigua. Resulta increíble como la mayoría lo permite.
No podemos estar sujetos a las órdenes de funcionarios, sino a normas comunes a todos los que vivimos en la Argentina.
La pretendida justicia social no se alcanza mediante una economía controlada por el gobierno decidiendo quien debe tener menos y quien debe tener más. Si el gobierno decide cuánto deben costar los bienes y cuánto debe percibir una persona por su trabajo, no importan los servicios que se realizan para satisfacer a los demás sino el mérito que le endilgue el gobierno.
Para mejorar, todos tenemos que darnos cuenta de los graves perjuicios al consumo que está trayendo perturbar el libre juego de las leyes económicas, los apremios coercitivos, la arbitrariedad de decisiones, procedimientos, y desplantes, de un gobierno dirigista y estatista que se preocupa sólo de sus propias apetencias sin considerar el porvenir de los argentinos, acentuando el desaliento y la desconfianza general.

jueves, 20 de mayo de 2010

El “frente periodístico”, una de las armas kirchneristas

Luis Pico Estrada
 Cristina Fernández,  Néstor Kirchner y Hugo Moyano.
La subestimación del oficialismo ha sido una característica de los cuadros opositores que más de una vez marcaron la agonía de un gobierno que se resiste y avanza. La oposición .dividida- no está frente a un bagre; encaran a un tiburón insomne que dará batalla hasta el último día.
Esa subestimación del matrimonio Kirchner en todos los frentes es un punto favorable para el gobierno. Los medios opositores -los principales del país- descubren ahora la magnitud de la blitzkrieg mediática desatada por el gobierno.
La principal inspiradora ha sido la Presidenta y sus brazos armados fueron Julio De Vido, Aníbal Fernández, Rudy Fernando Ulloa Igor y Carlos Zannini  a través de la televisión, radio, diarios y encuestas. Los bloggers son otra división blindada. Hace un año que se forman equipos periodísticos con cuadros políticamente formados en la izquierda y militantes que supieron sufrir el rigor del combate y de la cárcel. Y la pelea con “Clarín” no reconoce límites. Es y será implacable para Ernestina Herrera de Noble y Héctor Magnetto. No solo hacia sus intereses sino hacia sus personas en el invierno de sus días.
Operadores como el ex banquero, rabino y empresario Sergio Szpolski moviliza un grupo de medios en crecimiento. Se extenderá hacia la televisión a través del Canal 23. Ya cuenta con el diario gratuito “El Argentino”, la revista 23, Buenos Aires Económico (Bae), 7 Días, Miradas al Sur, Radio América, Aspen y la gestión comercial de Radio Del Plata. Está en la calle “Tiempo Argentino”, otro tabloid que pretende ser la contracara de “Clarín”.
Página 12 es refugio de la progresía. Tanto los entusiastas de la K  así como los tristes y decepcionados izquierdistas que no tienen otro palenque donde rascarse. En sus páginas Horacio Verbitsky descarga su pluma de acero contra la espada y la cruz. Es el fiscal de las fuerzas armadas y de la Iglesia católica, en particular del cardenal Bergoglio. El semanario Debate se suma a la legión de medios oficialistas con colaboradores destacados.
Quien crea que esta invasión mediática no tiene un bagaje racional e ideológico se equivoca. Desde “Miradas al Sur” Osvaldo Nemirovsci escribe en “Ampliar la participación, democratizar la estética”.

miércoles, 12 de mayo de 2010

El Negro Moyano, nuevo integrante de la Rural

(Carta abierta de productores anti-kirhneristas)

Hugo querido:
Desde hoy contamos con un nuevo miembro. Se trata nada menos que de Hugo Moyano, camionero, con lo cual esperamos que a partir de ahora defienda nuestros intereses en las reuniones de gabinete.
El simpatiquísimo y agradable. Hugo acaba de adquirir la emblemática estancia “San Ignacio” a la familia Naón Pirovano, en el partido de Henderson, provincia de Buenos Aires.
Adquisición que le debe haber costado sus buenos dólares, puesto que en la zona la hectárea no baja de los u$s 4.000, y los campos no bajan de las 1.000 hectáreas, o sea que ninguno baja de los u$s 4.000.000 (cuatro millones de dólares), a lo que habría que agregar el magnífico casco, que como habrán visto, se publica en varios libros de catálogo de “Estancias Argentinas”.
Esperamos que a ningún Fiscal de la República ni mucho menos la Afip, que tanto trabaja por nuestra prosperidad y la de todos los miembros de los sectores productivos, quieran investigar el origen del dinero (bien habido, por supuesto) para complicarle la vida a nuestro flamante vecino.
¡Por favor comuniquen esta noticia a sus amigos, y démosle la bienvenida a este nuevo vecino!
Pronto lo recibiremos con los brazos abiertos en la Sociedad Rural y en Coninagro.