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domingo, 29 de agosto de 2010

El hombre ante los avances técnicos

Marcelo Castro Corbat
Los hombres son física y fisiológicamente semejantes, pero en el desarrollo de sus vidas aparecen diferencias que los van desigualando.
Tienen distintas capacidades y percepciones derivadas de disímiles características biológicas, microcircuitos neuronales e influencias culturales. Está demostrado con las huellas dactilares que diferencian a cada hombre: son semejantes entre ellos, pero jamás serán iguales. 
Las grandes desigualdades provienen de herencias  genéticas, de las propias aptitudes físicas o mentales de cada ser humano para superar  obstáculos y en la capacidad de su sistema neuronal para generar la voluntad de persistir en el esfuerzo. La pretensión de una sociedad de iguales es una ficción de políticos ignorantes, que altera el orden y la armonía social.  
De todas esas causas, la definitoria es la capacidad para el esfuerzo, que la sociedad acepta como requisito para el progreso: ningún ser humano puede  sobresalir si no trabaja tenazmente para alcanzar su objetivo. Está dicho: ganarás el pan con el sudor de tu frente; el genio es 1 por ciento de inspiración y 99 por ciento  de transpiración; el “dolce far niente” no mejora la vida del hombre, etc.
La presunción que los avances tecnológicos liberarán al hombre del esfuerzo es una falsedad. Le liberarán tiempo para concentrarse en lo que para él es la actividad que llena su vida, pero para gozarla deberá esforzarse.

jueves, 19 de agosto de 2010

Justicia social y educación

Marcelo Castro Corbat
Un imperativo para las provincias.
En la Constitución Nacional de 1860, el país coincidió en que la educación era una urgencia nacional imperativa. El artículo 5 exige a las provincias “asegurar la educación primaria”, para “crear su cultura humana, perpetuar la nacionalidad y capacitar al  pueblo para gobernarse” (Joaquín V. González). El artículo 14 otorga el derecho de “enseñar y aprender”;  el 20 lo extiende a los extranjeros; el 25: “el gobierno no podrá restringir la entrada de extranjeros que traigan por objeto introducir y enseñar las ciencias y las artes”; el 67, inciso 16, “Corresponde al Congreso, proveer lo conducente al progreso de la ilustración, dictando planes de instrucción general y universitaria”. Con esas normas la educación de los argentinos fue modelo.
Ciento cincuenta años después, en el 2010, la educación estatal ha decaído en calidad, hay millones de jóvenes que no estudian  y la politizaron  docentes universitarios, egresados y cabecillas estudiantiles.  Los fondos para educación se dilapidan en política y corrupción. Es un sistema paquidérmico, inmanejable y sin control de gestión ni de resultados. Es una infamia social.
La justicia social, defendida por la corporación gremial,   convirtió     a los “maestros” en “trabajadores” de la educación; los alumnos  no los respetan y los padres los atacan. El futuro nacional y la prosperidad ciudadana dependen de la educación. El país debe combatir el deterioro y corregirlo. 

jueves, 29 de abril de 2010

Justicia social y salarios

Marcelo Castro Corbat
 La presidenta y el ministro de Economía.
Las últimas seis décadas estuvieron dominadas políticamente por el peronismo con el eslogan de la justicia social, ya sea estando en el gobierno o, siendo oposición por el poder de la corporación sindical y de los ideólogos imberbes infiltrados, para decretar huelgas que paralizaban el país, cometer crímenes, generar la guerra interna e impedir el ordenamiento de la sociedad. En los años 40 los salarios eran de los más altos del mundo; en el 2010, son de pobres. Se dilapidó la riqueza nacional y la Justicia Social es una utopía.
Los justicialistas no hacen nada para mejorar los salarios; no pueden hacer nada, porque sus banderas producen la pobreza del pueblo. El gobierno y la corporación sindical vociferan defender el salario, pero aumentan apenas su valor nominal con el índice de inflación oficial. Como el índice es falso y el aumento sufre deducciones por cargas sociales, con el salario neto de bolsillo que recibe, el asalariado termina siendo mas pobre. Es una perversidad.
Los asalariados son personas trabajadoras que legítimamente aspiran a prosperar, y mejorar sus ingresos más arriba de la inflación, no a seguir viviendo en la pobreza. Esto lo lograrán si se genera riqueza, aumentando las exportaciones, la inversión privada, la producción de bienes e incorporando tecnología. Está en la mano de los argentinos hacerlo, pero no es la política que responde al eslogan de justicia social.

sábado, 10 de abril de 2010

Gasto público inflexible

Marcelo Castro Corbat
Edificio del Congreso Argentino.
La dimensión del gasto público es una decisión política.
Algunos opinólogos y economistas sostienen que el gasto público no puede disminuirse porque la estructura del Estado es rígida, que el Estado debe atender los crecientes requerimientos sociales que no cubre el sector privado, y que hay temas relacionados con la soberanía política que son indelegables. Con esos conceptos, distorsionados de la realidad nacional, se justifica el barril sin fondo que es el gasto público, el endeudamiento vicioso del país, el crecimiento de la exacción impositiva, el gigantismo enfermo de la administración pública y la difusión del proceso de corrupción.
Legisladores, ignorantes irrecuperables, sostienen con tono de académicos que “no se puede desfinanciar al Estado”, y se repantigan en sus sillones, orgullosos de su frase, sin medir la pobreza social que generan.
Si se suprimen los paralizantes subsidios, las pérdidas que generan las ineficientes empresas del Estado, la dilapidación, las obras públicas decididas por razones electorales, y se penaliza la corrupción en las contrataciones y manejo del dinero público, es posible disminuir el gasto en el 30%.
Un nuevo gobierno, imbuido de la trascendencia de disminuir el gasto, podrá hacerlo, creando resguardos en defensa de la estabilidad de los salarios. El inevitable ajuste económico debe soportarlo el Estado, no la ciudadanía.

domingo, 21 de marzo de 2010

Invertir, emplear, producir y exportar

Marcelo Castro Corbat
Si no se produce se paraliza todo.
La insuficiencia de inversiones privadas productivas y en servicios paraliza el desarrollo social y económico de nuestro país, siendo los impuestos el mayor obstáculo a su crecimiento. Para impulsar las inversiones, el monto invertido debe ser computable como pago a cuenta del impuesto a las ganancias y para mejorar los salarios debe liberarse  del impuesto al valor agregado a la canasta básica de alimentos y medicamentos.
Toda  inversión requiere personal para ser operada y dar frutos. Es una generadora simbiótica de nuevas oportunidades de empleo.
La conjunción de inversión y empleo, aumenta la producción con destino a nuestro reducido mercado interno y al colosal mercado externo.
Existen 2.500 millones de personas en el mundo que son potenciales consumidores de nuestros productos. Si Argentina duplica sus exportaciones,  la población ingresará en la senda del bienestar y la esperanza. Para hacerlo, deben eliminarse los impuestos y trabas a las exportaciones  y reintegrar a todas las exportaciones los impuestos que gravan la producción.
La disyuntiva de la Nación es mantener los actuales impuestos que alimentan la ineficiencia y corrupción estatal, impiden el progreso nacional  y el mejoramiento de vida de la población o eliminarlos para el bien social y rescatar de la pobreza a los indigentes.
Es inmoral e inaceptable, un Estado dilapidador en una sociedad pobre.

domingo, 14 de marzo de 2010

La Argentina invertebrada

Marcelo Castro Corbat
En 1921 Ortega y Gasset escribió el libro España Invertebrada, donde analiza el proceso de la decadencia española. En las décadas posteriores, sucedió en España lo que sucedió, hasta que los políticos comprendieron la necesidad de vertebrar el país y firmaron un pacto de coincidencias nacionales que sin dudas fue influído por ese libro.
La situación de España en aquellos años tiene muchas semejanzas con la de Argentina en la actualidad, que se ha convertido en un país amorfo, sin objetivos nacionales, con la ciudadanía enfrentada, descreída y desesperanzada, sin progreso social ni prosperidad económica.
En España un político visionario y con poder, presionó para consensuar bases de entendimiento y vertebrar el país y, aunque no ha superado todos sus problemas y conflictos, se perfila como una unidad nacional integrada en el mundo. En Argentina no existe ese político o no dispone de ese poder.
La ardua,  engorrosa y problemática tarea cae en los partidos políticos con representación parlamentaria, que en un próximo parlamento y,  por arriba de sus intereses y disidencias políticas, forjen las bases fundacionales y operativas de la integración y futuro nacional.
La degradación de nuestra Nación continuará si no se definen objetivos concretos y compartidos. El país lo necesita y lo espera.