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martes, 15 de junio de 2010

Por un cabildo abierto

Héctor Farías*
Portada del número 2 de la revista.
La ocasión que nos ofrece la celebración del bicentenario de la patria para reflexionar sobre nuestro pasado y nuestro porvenir  es una oportunidad que no podemos desaprovechar. Por ello no se debería banalizar el debate como se hace desde casi todos los espacios institucionales, con la indisimulada intención de escamotearle al pueblo una vez más la posibilidad de participar en la construcción de su destino. Para lograrlo los propietarios del poder, del saber y del creer ofrecen una repetición seriada de atriles y palestras para que hablen los que siempre hablaron en nombre de los que siempre escucharon.
Necesitamos esta vez  un verdadero cabildo abierto repetido en todo el territorio de la Nación, de manera de que se escuchen las voces de los desoídos, esos a los que desde 1810 hasta hoy sólo se les permitió preguntar de qué se trata. Esa frase retrata como pocas la distancia que hubo -y hay- entre los que mandan y los mandados.
Fue hace dos siglos que la “sociedad sana” de la ciudad de Buenos Aires decidió con corte elitista los destinos de todos. La fotografía de aquel Cabildo profetizó el espacio que desde entonces ocuparían el Poder por un lado y el Pueblo por el otro. Aunque el pueblo era en aquel tiempo fuera una categoría mas estrecha..
En el Cabildo los menos-hoy con otros nombres- y en la intemperie los más, convidados de piedra y actores de reparto en la construcción revolucionaria, resolviendo los primeros la suerte de los destinos ajenos con actitud tutelar  propia de una visión aristocrática y paternalista de la política.
Quizás allí se haya parido esta cultura que promueve la idea de un pueblo adolescente, precisado de caudillos fuertes, los que conjugando la jefatura y la magia con la orden y el temor se la pasan señalando  el camino hacia la tierra prometida. Hoy mas que nunca, sólo prometida. De allí que en nuestra historia  hayan sido más importantes los próceres que los pueblos, sublimando las conducciones autocráticas por encima de la verdadera protagonista del proceso político que debería  ser la sociedad misma. América Latina, y la Argentina como parte de ella, es un continente aun no emancipado, sembrado de contrarrevoluciones que perpetuaron nuestro estatus de colonia, tanto cultural como política y económica.
Y si bien nuestra historia es la historia del pueblo en las calles, ella ha sido escrita en los palacios. Los argentinos han llenado muchas plazas (la “chusma” de Irigoyen, el 17 de octubre de Perón, nuestro propio santiagazo) pero aún así el poder sigue estando donde siempre estuvo en los recintos que habitan los privilegiados de toda la vida, y el pueblo va llenando y vaciando plazas, convocado en ocasiones por espejismos esporádicos como esperando que alguien le enseñe el paraíso.
Nuestro pasado no fue un hecho inevitable, ocurrió de ese modo porque así se quiso que ocurriera, como tampoco hay nada de inevitable en el porvenir. Asumir esto es fundamental para comprender la responsabilidad que tenemos con nuestro tiempo porque la libertad no es una concesión graciosa, ni una palabra puesta en un manifiesto fundacional  para presumir de civilizados. Al contrario, es una actitud frente a la vida, y una responsabilidad frente a nuestros relatos personales y colectivos porque luego nadie tendrá derecho a reclamar impunidad frente a la historia.
Ha sido hasta aquí larga e infértil la espera, es tiempo entonces de que el pueblo convoque a sus propios cabildos abiertos para que resuenen las voces de todos. Un cabildo del que nadie quede excluido para no condenar a las mayorías a pararse en la plaza por otros 200 años más preguntando de qué se trata.
*Contraportada del último número de la revista "Federación".

domingo, 10 de enero de 2010

Observatorio de políticas públicas

Héctor Farías*

Llevamos más de 450 años de continuidad casi sin fisuras de un sistema político que ha hecho de la injusticia social un horizonte estratégico, de la enfermedad un negocio, del analfabetismo una herramienta, y de la pobreza un clima que favorece todo tipo de explotación. Es verdad que no todo fue pura mala fe, que hubo también errores, pero ello no exime a nadie de su cuota de responsabilidad, ¡es sabido que quienes mas pueden, mas deben!

Las culpas son tan repartidas como compartidas, y solo un gesto de infantilismo político puede llevarnos a creer que nada tuvimos que ver en este fracaso colectivo: en política los triunfos y los fracasos se conjugan siempre en plural. No han sido pocos los que lucharon para evitar lo que nos pasó, y tampoco lo son quienes pretenden hoy iniciar una tarea de reparación. Para eso nacen la Revista Federación y el Observatorio de Políticas Públicas de la Fepuse, para darnos a los profesionales santiagueños un sitio desde donde comprometernos con el destino de todos, para hacerle un aporte fundamental a un debate que como nunca hoy esta ausente. No venimos a cubrir el vacío que dejan otros, sino a cumplir con nuestro deber de comunicar y socializar saberes, democratizándolos, haciendo que se vuelvan fértiles, de modo que lo que tenemos para dar no se quede de manera estéril en las academias sino que se convierta en la siembra que nos permita augurar días mas promisorios.

Tenemos que acercarle a todos, y en especial a los mas postergados que son la mayoría de nuestros comprovincianos, primero una explicación del por qué de sus desgracias, pero luego de ello hay que darles también las razones que funden la esperanza de un cambio posible. Sabido es que nacer pobre y morir pobre es una tragedia, pero peor que ello es que nadie tenga la decencia de explicarles el por qué. Por esa causa es que no dudamos en que la peor corrupción es la de una dirigencia que ha instalado en nuestra cultura, la perversa certeza de que la pobreza es inevitable. Hay que acabar con la infamia de esa burda mentira disfrazada de sensatez. En su sitio, si es que hacemos bien nuestra tarea, podremos ayudar a instalar otra certeza que se constituya en el motor de nuestro porvenir: La de que un mundo más justo y más bello es posible.

* Contraportada de la revista "Federación", editada por la Federación de Entidades de Profesionales Universitarios de Santiago del Estero. La fotografía es de Gustavo Tarchini.