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jueves, 1 de julio de 2010

Menem pacta con Kirchner

Guillermo Cherashny
Trascendió el acuerdo político entre Néstor Kirchner y Carlos Menem mediante los buenos oficios del senador Miguel Ángel Pichetto, presidente del bloque del Frente para la Victoria en el Senado. El pacto consiste en lo siguiente: el gobierno le garantizaría al ex Presidente que en ningún caso será desaforado por las causas judiciales que se le siguen, a cambio de que no forme quórum para la oposición. Sin embargo, para votar, Menem se habría reservado ciertas libertades que no se conocen todavía.
El acuerdo entre los dos ex presidentes se hizo con el conocimiento y consentimiento del gobernador riojano, Luis Beder Herrera, un ex menemista y ahora kirchnerista que, mediante este particular acuerdo se reconciliaría con su ex jefe.
Siguiendo con las contraprestaciones, Menem apoyaría públicamente a Beder Herrera en el proyecto de ampliar los proyectos de minería a cielo abierto en La Rioja. Estas tratativas estarían avanzando con el presidente de Barrick Gold, Peter Munk, interlocutor privilegiado de CFK durante su reciente estadía en Toronto.
Beder Herrera buscará el año que viene su reelección y Menem lo acompañaría en la boleta como candidato a primer Senador Nacional. En el caso de que Kirchner no sea candidato en el 2011, Menem y Beder Herrera podrían intentar una aproximación al Peronismo Federal.
También hay detalles menores, como la reciente designación del secretario de Menem, Nicolás de Vedia, como Director Administrativo del Senado.
El dos veces presidente sería el gran beneficiario del pacto, ya que carga hoy con una veintena de causas judiciales en trámite, algunas de las cuales tienen pésimas perspectivas para él, mientras que otras muchas fueron armadas desde la política para perseguirlo. Las maniobras de Menem en el Senado con el kirchnerismo le están valiendo un creciente desprestigio. Entre los conocedores del acuerdo en cuestión, hay quienes dicen que el mismo le podría costar a Kirchner unos cuantos votos de la izquierda. De este modo, tal vez Menem termine finalmente complicando a quien se tocó los testículos cuando él asumió como Senador.

lunes, 10 de mayo de 2010

Hay que tener memoria

Kirchner y Menem, amigos, en otros tiempos.
Fue en el Salón Sur de la Casa Rosada. Allí había dos víctimas de amnesia “lacunar”: ésa que borra la memoria de un evento determinado.
Los pacientes eran el entonces presidente Néstor Kirchner y el secretario general de la Presidencia , Oscar Parrilli. Ambos han olvidado que -de no haber sido por ellos dos- Carlos Saúl Menem no habría podido privatizar YPF.
Kirchner dijo en el Salón Sur: “Sabemos el genocidio que pasó nuestra industria petrolera, la increíble privatización (...) Si YPF hubiera quedado en manos nuestras estaríamos recaudando (...) entre 20 y 25 y hasta 30.000 millones de dólares por año”.
A su lado, Parrilli aplaudía.
Ninguno de los dos recordaba, al parecer, su participación en eso que (ahora) llaman “genocidio”.
Menem quería sancionar la ley de Privatización de YPF pero no podía. No tenía, en el Congreso, los votos necesarios: aparte de la abierta negativa de la UCR, enfrentaba resistencias dentro del propio PJ.
Kirchner ofreció la solución. Él había asumido, el 21 de agosto, la presidencia de la Organización Federal de Estados Productores de Hidrocarburos (OFEPHI), que agrupaba a Chubut, Formosa, Jujuy, La Pampa, Mendoza, Neuquén, Salta y Santa Cruz.
Si la privatización era reclamada de modo unánime por la OFEPHI -argumentó Kirchner- se vencerían muchas resistencias.
Pero la solución tenía un precio: la Nación debía pagar -acuerdos extrajudiciales mediante- sumas multimillonarias que las provincias de la OFEPHI reclamaban por regalías supuestamente “mal liquidadas”.
Ya el 30 de agosto de 1991, Menem -junto con sus ministros Domingo Cavallo y José Luís Manzano- habían suscrito una curiosa “conciliación” con Santa Cruz. Por ella, la Nación “reconocía” una deuda de 480 millones de dólares con la provincia. Pero el “reconocimiento” quedaba impúdicamente sujeto a la sanción de la ley de Privatización de YPF. Si no se aprobaba esa norma, el reconocimiento .decía con todas las letras una cláusula del acuerdo- “quedará sin valor y efecto alguno, y no podrá ser invocado como antecedente de ninguna especie”.
El martes 22 de septiembre de 1992, los gobernadores de la OFEPHI se reunieron con Manzano, en el Ministerio del Interior, y resolvieron montar un lobby.
Acto seguido, Kirchner ofreció una conferencia de prensa en la misma Casa Rosada. Desde allí pidió apoyo para la privatización de YPF e instó a que los disidentes, al menos, dieran quórum.
Al día siguiente, Clarín publicó, con foto de Kirchner, la noticia: “Provincias petroleras hacen lobby por la aprobación”. Ese lobby no se limitaría a la exhortación pública. Los diputados debieron sortear presiones y tentaciones.
La tarea fue efectiva. Esa noche, Diputados aprobó el proyecto de ley.
Parrilli (entonces diputado nacional por Neuquén) fue el miembro informante. Durante el debate, sostuvo: “No pedimos perdón por lo que estamos haciendo (...) Esta ley servirá para darle oxígeno a nuestro gobierno y será un apoyo explícito a nuestro compañero Presidente (Menem)”.
Un año después, en un libro titulado Cuatro años en el Congreso de la Nación, 1989-1993, Parrilli se jactó de haber impulsado la privatización: “Hoy YPF es la gran empresa petrolera privada nacional, que domina más de la mitad del mercado de los combustibles”.
La venta de YPF tuvo, también, ventajas para el gobernador Kirchner. Dos meses después de sancionada la ley, Cavallo, Manzano, Kirchner y De Vido firmaron el “acta acuerdo” por la cual se fijó la suma que correspondía a Santa Cruz.
En definitiva, la provincia recibió, en 1993, US$ 654 millones. Con ellos, adquirió acciones. Las de YPF, le permitieron un gran negocio. Las compró en US$ 290 millones y, seis años más tarde, las vendió por US$ 670 millones. Hizo, así, una diferencia de unos US$ 380; 654 + 380 = 1.034. Kirchner envió ese millar de dólares a dar la vuelta al mundo.
Nunca hubo restitución plena ni adecuada rendición de cuentas. Sin embargo, la justicia se ha desentendido del tema. Guillermo Montenegro -juez Federal designado por Kirchner- se declaró incompetente y remitió la causa a la provincia. El 1° de junio de 2005, Santiago María Lozada, juez de Instrucción Nº 1 de Río Gallegos, mandó las actuaciones al archivo.
Los “fondos de Santa Cruz” han sido motivo de acusaciones y debates. Pocos conocen, sin embargo, la conexión entre esos fondos y el decisivo apoyo que Kirchner brindó a la privatización de YPF.




domingo, 18 de abril de 2010

Kirchner y Menem, la clave secreta

Rogelio Alaniz*  
Viejos tiempos. Menem, presidente, y Kirchner, gobernador de Santa Cruz. 
A más de un observador le llama la atención el comportamiento de Carlos Menem, funcional a la estrategia de los Kirchner. Algunos suponen que los Kirchner se han comprometido a aliviarle su situación procesal, otros consideran que en realidad lo que está jugando es la fuerte lealtad peronista, y no faltan los que aseguran que a Menem los años le han jugado una mala pasada, una manera elegante de decir que está “gagá”. Cualquiera de estas interpretaciones puede ser posible, pero el criterio de verdad para evaluar la conducta de Menem debe ser la propia trayectoria política del riojano, su pertenencia al peronismo y su singular manera de entender las relaciones con el poder.
Un ejemplo puede servir de punto de partida para ilustrar una hipótesis. Hace unos días, un amigo me contó que en una entrevista televisiva, Menem aseguró que la inflación en la Argentina era del veinte por ciento mensual. El periodista lo corrigió diciéndole que ése era el porcentaje anual. Menem insistió en lo suyo y durante tres o cuatro infinitos minutos se mantuvo esta discusión hasta que el periodista le demostró con estadísticas y opiniones de otros economistas que estaba equivocado. Sólo ante esta abrumadora evidencia, Menem aceptó que se había equivocado y no en un detalle sino en una dimensión que alteraba totalmente la realidad o lo que pretendía demostrar.
Pues bien, para mi amigo ésa fue una prueba más que evidente de que Menem está senil, suposición que yo me permití refutar en toda la línea recordándole que en 1989 Menem decía barbaridades parecidas y peores, y que durante su presidencia los papelones en las conferencias de prensa o en las declaraciones públicas eran cotidianas. En este caso, no se trataba de ignorancias culturales increíbles en un presidente, como suponer que Sócrates había escrito muy buenos libros o Borges era un extraordinario novelista o que los “Cantares” no los había escrito Antonio Machado sino Atahualpa Yupanqui; se trataba de fallas conceptuales vinculadas con su propia función.
Un político no está obligado a saber de todo, y mucho menos a conocer las últimas novedades teatrales o musicales, o la calidad de la reciente exposición de pintura en el Museo de Artes Visuales, pero debe estar actualizado en los temas que hacen a su trabajo. Pues bien, en todas estas cuestiones, Menem fue literalmente un inimputable, un personaje que se sostuvo en el poder gracias a las discutibles habilidades de la picaresca, porque jamás fue capaz de dar una definición, explicar un concepto, brindar un punto de vista interesante. Campeón de los lugares comunes, exponente típico de los más detestables vicios -ya no sólo del político sino del ciudadano-, alentador de las peores pasiones de una sociedad, exponente fiel de una visión del mundo donde la frivolidad suplanta al talento y los lugares comunes a la inteligencia, emblema del político tramposo que además se jacta de su condición de tramposo, Menem es quien es, pero su existencia política es también el emblema de una cultura, de una sociedad y de una importante fracción de la clase dirigente que creyó en su momento que por fin habían encontrado al “hombre del destino”. Dicho en términos sociológicos, el problema no es Menem sino el menemismo, o los menemistas, o la relación perversa que Menem estableció con la sociedad argentina.
Para concluir, el Menem de los ochenta años no es muy diferente del personaje que con sesenta años llegó a la Presidencia de la Nación y se mantuvo en el poder durante diez años gracias -no olvidarlo- al voto de los argentinos; por lo menos, de una mayoría de argentinos que lo votó en reiteradas ocasiones disponiendo de toda la información respecto de la catadura del caballero. Es más, en 2003 Duhalde tuvo que recurrir a una estratagema legal para impedirle llegar otra vez a la presidencia, porque en condiciones normales hubiera ganado, como lo demostró en esa primera vuelta de 2003 en la que obtuvo más votos que Kirchner.
Corresponde preguntarse, no tanto qué es lo que ocurre con Menem y Kirchner sino qué sucede con los menemistas y los kirchneristas. En segundo lugar, sería interesante saber si estas diferencias entre Carlos Saúl y Cristina o Néstor son decisivas o no, sobre todo si se tiene en cuenta que en política, los programas y los discursos cambian según las exigencias de las coyunturas. Pero lo que no cambia nunca es la concepción del poder y es en ese punto donde los Menem y los Kirchner son parecidos, demasiado parecidos al punto que muy bien podría decirse que ambos son leales seguidores del sagrado principio de que “para un peronista no han nada mejor que otro peronista”, sobre todo a la hora de sacarse las papas del fuego o repartirse las rentas del poder o sus despojos.
*El Litoral de Santa Fe.