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miércoles, 25 de agosto de 2010

Bajó el rating durante el discurso de Cristina

Con el discurso de la Presidenta bajó el rating que los canales abiertos registran en la franja horaria de las 19. Ayer, las mediciones minuto a minuto de la cadena nacional fueron encabezadas por El Trece (7.9), seguido por Telefé (7.0), Canal 9 (5.4), América (3.8) y Canal 7 (2.6), cifras inferiores a las habituales.
Sin ir más lejos, en dicha franja Telefé había marcado anteayer con Casi ángeles, 11.9; Telenueve (Canal 9), 10.8; Alguien que me quiera (El Trece), 9.5; y América Noticias (América); 7.0. La única mejora fue para Canal 7, que duplicó en la víspera el rating de 1.5 registrado anteayer por los documentales de Encuentro.
Curiosamente, la cadena nacional se emitió en el horario de Alguien que me quiera, cuya protagonista femenina, Andrea del Boca, escuchó el discurso en Casa de Gobierno junto a los demás invitados.

lunes, 16 de agosto de 2010

Tinelli, Fort y la violación del pudor

Alfredo Ygel
La televisión refleja la sociedad en la cual todos nos encontramos insertos.
Vivimos una época en la que se ha producido una violación del pudor. Es como si el "velo del pudor" se hubiera corrido para dar lugar a una sociedad impúdica. ¿No es eso lo que nos muestran los Tinelli, los Fort, los reality shows, los programas de chimentos, allí cuando nos dan a ver y oír eso que no se puede mirar ni escuchar?

¿Qué es lo que la televisión nos muestra en sus diarios programas plagados de escenas en donde todo se ve y todo se dice? Sin duda lo que se nos muestra es algo que atrapa nuestra mirada, y eso lo constatamos en los altos ratings que logran estos programas en donde se exhiben, casi sin velos, las más variadas formas de lo obsceno.
Al modo del voyeur, es como si espiáramos por un gran ojo de la cerradura para lograr ver eso que está oculto.
El éxito de esta oferta mediática pasa por haber producido la violación del pudor de aquellos que miran, mostrando eso que debería quedar oculto, velado. No olvidemos que el pudor es amboceptivo: el impudor de uno basta para la violación del pudor del otro. Observemos que no es sólo la desnudez lo que marca el punto de impudor sino que se trata de la violación de la intimidad, de quedar el sujeto a merced del otro. ¿No se llegó al límite de mostrar y hacer vivir a  millones de espectadores cómo se compra una novia?
Lo que la escena muestra en su exhibicionismo es que un sujeto puede ser cooptado por la voluntad del otro, despojado de su propia subjetividad y de su propia autonomía. Pero esta sociedad del espectáculo solamente muestra, cual caja de resonancia, la sociedad de la impudicia en la que todos nos encontramos insertos.
Denunciar esta violación del pudor, señalar la muerte de la vergüenza, ¿nos coloca en las vías del moralista? No se trata de pontificar un retorno al pasado victoriano moralista burgués sino de ubicar este fenómeno para poder situar sus efectos en la civilización actual.
Es el pudor lo que dio origen al hombre en tanto humano. El relato bíblico nos cuenta en el Génesis que luego de haber comido el fruto del "árbol del conocimiento del bien y del mal", la primer acción que realizaron Adán y Eva es la de tapar sus partes pudendas. Es el acceso al saber lo que produjo el advenimiento a lo íntimo. El pudor vendría a dar testimonio de una separación entre el sujeto y el Otro. La violación del pudor, por el contrario, muestra que no hay separación con el otro, que la subjetividad queda desvanecida, quedando a merced de otro que puede doblegar en su indefensión al sujeto. Lo que queda así diluido es el saber del sujeto acerca de sí, quedando absorbido por un goce que lo atrapa.
Una sociedad que privilegia la inmediatez de la imagen debe necesariamente cometer el asesinato del pudor, el áidós griego. Aidós significa sentimiento de vergüenza, pudor, honor, dignidad; consideración, respeto, reverencia; perdón; cosa que inspira vergüenza o respeto... Es decir que el pudor estaría relacionado con el respeto por el otro.
Es el velo, aquello que escondiendo insinúa lo que hay detrás, lo que incita al sujeto y lo hace despertar en su deseo. De eso saben las mujeres cuando, en posición femenina, se constituyen en objetos de deseo, produciendo esa posibilidad, siempre sugerente, del encuentro con el otro. ¿Retorno nostálgico al pasado, al honor de los caballeros o al recato de las damas? No. Más bien se trata de reinstalar el misterio y el enigma, de reinstituir el pudor y la reserva, el tiempo de la interrogación y la espera, en el reino de la inmediatez y la desvergüenza. En otras palabras, de hacer lugar al pudor en la impudicia.

miércoles, 24 de marzo de 2010

"Con Videla estábamos mejor"

Carlos Manuel Acuña
Como una clara y sugerente demostración de los tiempos que corren, al promediar la semana pasada ocurrió en el centro de la Capital Federal un suceso del que el oficialismo y la llamada oposición deberían tomar buena nota e interpretarlo correctamente. Por cierto y por los motivos que surgen del relato que pones frente a nuestros lectores, el suceso fue silenciado y ocultado a los medios de comunicación.
Estos fueron los hechos: cuando mayor era la afluencia de público y más apurados circulaban los transeúntes, desde una camioneta descendió un grupo de personas integrante de la producción del programa televisivo “Caiga Quien Caiga” (CQC) que mediante pretendidas situaciones humorísticas – muchas de ellas forzadas – pretende entretener a la audiencia desde la pantalla chica. Ese día y mientras las mismas autoridades pasaron por alto un acto de falsedad ideológica realizado por el mismo grupo que pretendió simular un delito de pedofilia que sería filmado con una cámara oculta y contaba con la participación de un falso sacerdote, un nuevo revés pondría en el banquillo de los fracasos a CQC.
Efectivamente, el equipo de producción comenzó a distribuir entre los apurados ciudadanos camisetas que llevaban impresa la frase “Con Videla estábamos mejor”. La idea, surgida ante la proximidad de un nuevo aniversario del pronunciamiento cívico militar del 24 de marzo, apuntaba a lograr un esperado y airado rechazo del público, acción que debía ser registrada mediante cámaras distribuidas estratégicamente para luego utilizar las filmaciones en el programa.
Apenas se inició el operativo, la gente no sólo aceptó las camisetas con la leyenda sino que comenzó a congregarse en torno de quienes las distribuían y puso en marcha reclamos que solicitaban medidas especiales. “Yo estoy gordo y panzón”, se escuchó decir a un señor entrado en carnes quien, educadamente, preguntaba a los asombrados jóvenes de CQC si existía la posibilidad de obtener una medida más adecuada a su tamaño. A la inversa, varias señoras, al enterarse de lo que ocurría pidieron medidas pequeñas “para los chicos; éstas les va a quedar grandes”. Una, más entusiasta, pidió tres “para que las lleven al colegio…” y ponderaron la iniciativa.
Lógicamente, la congregación del público hizo que se acercaran más transeúntes que estiraban sus brazos y manos para recibir las prendas. Coincidentemente y como es habitual en estos casos, se inició una ronda de comentarios políticos que versaron especialmente sobre la grave situación por la que atraviesa el país. Inseguridad, costo de vida, confusión y presiones en el Congreso, falta de presupuesto, piquetes, el hartazgo por los discursos presidenciales y muchas otros temas de actualidad. Aunque no se conocían entre sí, no faltaron quienes comenzaron a cruzarse bromas en torno de los supuestos poderes afrodisíacos de la carne de cerdo o sobre los insólitos camiones vendedores de pescado que promociona el gobierno. Chanza va chanza viene, se creó una atmósfera entre risueña, memoriosa y comparativa entre el pasado y el presente, especialmente por parte de los mayores que iniciaron relatos de anécdotas, experiencias vividas y comentarios que giraban en torno de la violencia delictiva, las falsedades de las cifras del INDEC y la inflación que crece día a día. Entre risas, una señora algo entrada en carnes y prominencias estratégicas sugería que “hay que probarse para ver como nos quedan” y amenazó con desabrocharse para ponerse la camiseta que le tocó en suerte. De golpe, un aire de alegría distendió los rostros contraídos y los gestos de dureza que demostraban la mayoría de quienes circulaban por la zona céntrica.
Azorados, los jóvenes de la televisión no atinaron a reaccionar hasta que quien parecía dirigirlos dio una orden, se apagaron las cámaras de filmación, se desconectaron los micrófonos y los cables, enrollados con apuro, fueron arrojados en el piso del vehículo en que habían llegado y raudamente, partió con rumbo desconocido. Quienes lograron hacerse de alguna camiseta las blandían sonrientes y el resto, decepcionado, preguntaba donde se podían adquirir hasta que en medio de murmullos, la reunión se disolvió lentamente