domingo, 5 de abril de 2015

Por “Quique” Volta, proponen declarar Día de la Honestidad

Por el ingeniero Carlos Enrique Cheeín.
La Argentina debe ser unos de los países del mundo que más días del año (además de los excesivos feriados) destina a recordar o evocar hechos, profesiones, muertes, ataques, guerras, etc.
Sin tratar de hacer un inventario y comenzando por mi profesión, existe el Día del Ingeniero (fecha en que se graduó el primer ingeniero en una universidad argentina), Día del Médico (fecha de nacimiento de un científico cubano que descubrió el agente transmisor de la fiebre amarilla), Día del Maestro (muerte de Domingo Faustino Sarmiento -cuando en realidad Sarmiento debiera ser inmortal-) y, así, sucesivamente, Día del Empleado de Comercio, Día del Empleado de Farmacia, Día del Árbitro, Día del Amigo, etc.
También celebramos el Día del Trabajador (en homenaje a los mártires de Chicago conmemorando el 1 de mayo de 1886, día en que fueron ejecutados obreros que reclamaban jornadas laborales de 8 horas). ¡Qué paradoja, un hecho ocurrido en territorio norteamericano! Allí, en EE.UU. se recuerda el Día del Trabajo el primer lunes de septiembre.
Pero hemos agregado en los últimos años más días : Día la Lealtad (para recordar el 17 de Octubre de 1945, cuando en Buenos Aires hubo una movilización obrera y sindical pidiendo la libertad del entonces coronel Juan Domingo Perón; Día de la Soberanía Nacional (por la batalla de Obligado, ganada por la flota anglo-francesa, pero los triunfadores reconocían la soberanía argentina sobre los ríos interiores); Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia (se recuerda a los muertos y desaparecidos civiles por la dictadura militar que comenzó el 24 de marzo de 1976 hasta el 10 de diciembre de 1983).
Me parece todo muy bien mientras no sean feriados que lastiman al sector productivo y, sobre todo, al educativo del país. Podemos seguir agregando fechas gratas para recordarlas y emotivamente, pero me parece que falta un día con el mismo peso patriótico como el primer grito de libertad o la declaración de la Independencia. O sea, una fecha que contenga valores y que recuerde a muchos seres que silenciosamente dejaron su vida y que su trayectoria debiera ser ejemplificadora.

La honestidad

Ingeniero Bruno Alberto “Quique” Volta.
Yo propongo instituir el Día de la Honestidad.
Veamos en qué consiste este valor: Honestidad es aquella cualidad humana por la que la persona se determina a elegir actuar siempre con base en la verdad y en la auténtica justicia (dando a cada quien lo que le corresponde, incluida ella misma). Ser honesto es ser real, acorde con la evidencia que presenta el mundo y sus diversos fenómenos y elementos; es ser genuino, auténtico, objetivo. La honestidad expresa respeto por uno mismo y por los demás, que, como nosotros, “son como son” y no existe razón alguna para esconderlo. Esta actitud siembra confianza en uno mismo y en aquellos quienes están en contacto con la persona honesta. La honestidad no consiste sólo en franqueza (capacidad de decir la verdad) sino en asumir que la verdad es sólo una y que no depende de personas o consensos sino de lo que el mundo real nos presenta como innegable e imprescindible de reconocer.
En ese sentido, los santiagueños podemos instituir el Día de la Honestidad  coincidiendo con la fecha de nacimiento de un excelente comprovinciano, buen amigo, brillante profesional y un probo funcionario público. Me refiero a Bruno Alberto Volta, el “Colorado” o “Quique” para sus amigos; el ingeniero Volta para sus alumnos y colegas y el intendnete Volta para la ciudadanía capitalina y provincial.
Nació un 23 de mayo de 1941 y falleció a la temprana edad de 49 años el 23 de diciembre de 1990.
“Quique” fue el primer intendente de la Ciudad Capital en esta etapa democrática iniciada en 1983.
Su honestidad y capacidad en el manejo de la cosa pública ameritan un homenaje.
Por ello, sugiero a sus amigos, sin banderías políticas, a conformar una comisión para organizar este merecido homenaje, resaltar su honestidad y también transmitir a las nuevas generaciones los valores con los que se manejaba en su vida pública y privada.
Sus obras son testigos de su honestidad, por ejemplo, la Obra Social Municipal que creó con decisión y en una rápida respuesta cuando el Gobierno provincial se negaba a otorgarles prestaciones médicas a los empleados de la comuna capitalina.

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