lunes, 29 de agosto de 2016

Se fue “Fatiga”, un emblema de los Manseros y de Santiago

Por Oscar "Cachín” Díaz.
“Fatiga”, a la derecha, en primera plano, junto a Alito Toledo, el Negro Paz y Martín Paz, en el homenaje que realizó a Los Manseros el director de Cadena 3, de Córdoba, Mario Pereyra, el 24 de mayo de este año.
El genial Hugo Díaz no sólo era un semi-dios para hacer sonar la armónica. También se lo recuerda como un verdadero crack y un rapidísimo escrutador que, a primera vista, colocaba a todos y a cada uno el apodo exacto y abarcador que se lleva hasta la tumba. Fue él quien llamó “Fatiga” al excelente vidalero y bombista bandeño Guillermo Reynoso, quien dejó de existir este lunes gris en la Capital Federal, a los 80 años. El flaco “Guilli”, que era un gran amigo, un buen compañero, un ejemplar esposo y un afectuoso padre, quedó contento con el sobrenombre porque consideraba que definía cabalmente su hablar pausado y su paso con ritmo lento y cansino. Quienes tuvimos la fortuna de conocer de cerca a glorias del folklore (por nuestro trabajo en el viejo diario El Liberal, “el de los Castiglione” que encontraba, acompañaba y sostenía a todos los valores de la música y del canto de nuestro nativismo), encontramos a varios ejemplares valiosos y verdaderos fenómenos populares. Uno de ellos fue “Guilli” Reynoso; un hombre tranquilo, pícaro, sensible y con muchas inquietudes que se reía cuando en otras ciudades, como la porteña, le llamaban “Fatiga” en una suerte de sinónimo del auténtico santiagueño.  “No hago nada para aparecer simpático.  Todo surge cuando ‘Alito’ (Alfredo Toledo) nos presenta y antepone el ‘Fatiga’ a mi apellido. Estoy convencido de que ese apodo me coloca para el lado del santiagueño callado, respetuoso y lento. Creo que la gente me aplaude más a mí por el apodo, por la santiagueñidad que transmite ese sobrenombre”. Así me respondía en la Casa del Folklorista hace 15 años, cuando el público dejó de comer, se puso de pie y coreó a rabiar “¡Faa-tii-ga…!”…“¡Faa-tii-ga…!”, frente a la envidia sana del Negro Paz, don Leocadio Torres y “Alito” Toledo, que comenzaron a rasgar sus guitarras para apagar la ovación al flaco vidalero y bombisto. De inmediato, la grandilocuencia y sapiencia del inolvidable animador Hugo Miguel Ocaranza logró acallar a los efusivos “reynosistas”.

Atamisqueño-bandeño

Reynoso interpretaba el bombo con amor y una sencillez única, respetando la línea de los ancestros santiagueños.
El flaco Reynoso, en verdad, caminaba lento y hablaba pausado pero tenía magia en sus palabras y en su talento de cantor. Tan buena era su tercera voz, finita, que los entendidos la escuchaban y coincidían: “¡Eh…hasta dónde se eleva esa ‘aguja’…!”, en una magnífica definición elogiosa al Mansero. Claro, es que nació en Hoyón, departamento Atamisqui, donde hasta ahora se habla de salamancas y de músicos salamanqueros.
Llegó al mundo un 15 de agosto y cuando era muy chico sus padres se trasladaron a la ciudad de La Banda, instalándose en el barrio Los Lagos, que comenzaba a transformarse en el “espacio de Los Carabajal”.
Su madre se llamaba Alejandra y su padre, Juan. Ellos le decían “Puma”. Tenía dos hermanos: Ángel y Miguel.
A comienzos de los años setenta, “Guilli”, por amor, ingresó a un hogar de folkloristas y de estudiosos del quichua. En efecto, se casó con Olga Bravo, quien era hija de don Martin Bravo, uno de los autores de la chacarera "Lamento de la urpilita". Además, era sobrina del profesor Domingo Bravo, poeta, escritor, estudioso e investigador del quichua santiagueño.  Asimismo, la esposa de Reynoso era pariente de la profesora Maria Bravo, quien enseñaba danzas nativas en la ciudad de La Banda.
Con Olga tuvo cuatro hijos: Hugo, Lorena, Verónica y Martín.

Su carrera artística

Allí, en el cuadro de honor, entre todos los que integraron alternativamente Los Manseños, brilla como un emblema la figura de Guillermo Reynoso.
Como tantos otros jóvenes, nuestro Guillermo partió hacia Buenos Aires con el afán de abrir una picada a fuerza de su talento para el canto y la música. A comienzos de 1962 cantaba con Los Arrieros y luego integró Los Caminantes.
Cuatro años después, más precisamente el 30 de diciembre de 1966, debutaba con Los Manseros Santiagueños en nuestra ciudad Capital, en la peña  de la confitería Belgrano. Había llegado al ya famoso conjunto para reemplazar a Carlos Carabajal. Casi de inmediato emigró Carlos Leguizamón, el buen cantor y músico bandeño, cuyo lugar fue ocupado por Valentín Campos.
Pero “Fatiga” se fue de Los Manseros en 1974 y, finalmente, regresó en 1979.
En estos últimos diez años, “Guilli” vivió los mayores momentos de consagración del más exitoso conjunto de canto y música del nativismo santiagueño, compartiendo escenario con Onofre el Negro Paz, Alfredo “Alito” Toledo y un tiempo Leocadio Torres y, hasta último momento, el joven Martín Paz.
Hace quince días, Reynoso se descompensó en la provincia de Córdoba, donde los médicos le descubrieron un cáncer avanzado. Sus hijos lo trasladaron a la provincia de Buenos Aires donde el lunes 22 ingresó en el sanatorio Güemes de la Capital Federal. Este lunes, dejó de existir.

La congoja general

Un adiós emocionado al más querido de Los Manseros por todos los públicos de la Argentina.
Todas las redes sociales reciben expresiones de duelo por la desaparición del músico y cantor santiagueño Guillermo Reynoso. Músicos de todas las latitudes ponen de manifiesto el dolor y congoja, y recuerdan con afecto al vidalero inolvidable.
El poeta de Quimilí, Adolfo Marino “El Bebe” Ponti, escribió en Facebook:
"Hay golpes en la vida tan duros/ golpes como si fueran dados" en un bombo sin parche, en una caja sin cuero, en el alma de la tierra. Ha muerto Guillermo Reynoso; y la chacarera está de luto. Fatiga, apodado así por el genial Hugo Díaz, integraba Los Manseros Santiagueños desde hace más de tres décadas y su voz inconfundible armonizaba el canto de este cuarteto como si fuera la de un montaraz con un ala clavada en pecho, por eso su voz era sinónimo de Vidala, de tinaja soplada por el viento.
Adiós hermano santiagueño”. 

1 comentario:

Rafael Fano dijo...

Excelente homenaje, en letra del mejor periodista que podría hacerlo! Mucha s gracias!