miércoles, 11 de marzo de 2009

A Zamora le hicieron como a un chico




Por Facundo Peñaloza

Se comentó hasta el cansancio en los rediles políticos de Catamarca, el mal humor que exhibió el gobernador Gerardo Zamora cuando fue llamado por Néstor Kirchner a poner la cara ante los catamarqueños y, por sobre todo, ante los ojos desorientados de su amigo el gobernador de la provincia, Eduardo Brizuela del Moral.

Mucha militancia radical interpretaba sin recelo alguno sobre las nuevas formas de hacer política en la Argentina, cuando observan el repetido “cambio de camiseta” en pleno partido, tanto de peronistas como de radicales de la más pura cepa.

El mal ejemplo “Borocotó” parece haberse horizontalizado para todas partes y sus adeptos, porque sobran seguidores del médico pediatra porteño, no trepidan en saltar el cerco delante de quien sea, cuando los manda el jefe del partido Justicialista.

“Cosa de mandinga”, susurró una vieja ex diputada del partido de Alem, cuando vio a Gerardo Zamora treparse en el palco del Justicialismo para aplaudir al ex presidente Kirchner, codearse con los perucas más puros del entorno presidencial y cantar la marcha peronista sin ponerse colorado.

“Miren al gobernador radical de Santiago del Estero”, vociferaban los amigos de “Bombón” Mercado, ex cuñado de Kirchner, divorciado de la ministra Alicia Kirchner.

Pero también otras voces del mismo entorno pensaban que el gobernante santiagueño tiene menos amor propio que Ramón Saadi, a quien ni a palos pudieron hacer subir al palco oficial, a pesar de ser reiteradamente invitado a colgarse del saco kirchernista.

La ola default no deja de inquietar a quien debe conducir los destinos de Santiago del Estero en los próximos cuatro años. Se dice que piensa que agrandándose la “caja” que viene de Buenos Aires se sentirá menos el cimbronazo, pero para ello hay que estar dispuesto a cualquier tipo de estrategia con tal de conseguir los favor de los que cortan la torta del poder.

Ahora que las “agachadas” en materia política están a la orden del día, pocos piensan que la actitud de Zamora resulta acorde con lo que a diario nos muestran los noticieros nacionales. La “cebada de lomo” que viene desde antaño, hoy se confunde con una suerte de estoicismo que hay que practicar a diario si se quiere mayor coparticipación.

Pero todo tiene un límite, que lo marca la dignidad.

Poner la cara en Catamarca para enfrentar a un correligionario es más que mucho pedir. Con razón andan diciendo que a Zamora “le hicieron como a chico”.

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