Mostrando entradas con la etiqueta Sergio Sinay. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sergio Sinay. Mostrar todas las entradas

lunes, 27 de septiembre de 2010

El país de las sombras

Sergio Sinay 
La sombra, explicaba Carl Jung, es aquella parte de nosotros que no se ve y que no vemos. En ella ocultamos lo que negamos o no reconocemos de nosotros mismos. Todo lo que podría afectar a nuestro Ego (éste es nuestra identidad “oficial”, lo que decimos ser, la máscara o traje conque salimos al mundo y nos presentamos en él). Somos también nuestra sombra y no constituiremos un Yo hasta no admitirla e integrarla con el Ego. Negar la sombra no impide su existencia ni lo que ella incluye. Al no reconocerla como propia, advertimos en los otros lo que ella contiene. El defecto que niego en mí es el que me exaspera en ti. ¿Por qué? Porque lo conozco íntimamente aunque lo niego, y he pretendido, en vano, expulsarlo.
En estos días cuando se escucha hablar a gobernantes, funcionarios, opositores, figuras de la farándula, deportistas y demás, acusándose de lo que se acusan (hoy la gente no dialoga, se acusa y se insulta) es fácil advertir la sombra de cada quien. Los violentos acusan a otros de violentos, los autoritarios se quejan del autoritarismo de los demás, los mentirosos (esos que escriben la historia a su antojo) dicen que mienten los otros, los infieles hablan de infidelidades ajenas, los corruptos se dicen honestos y denuncian corrupciones foráneas y, acaso lo más triste, quienes sufrieron desapariciones entre sus seres queridos amenazan con hacer desaparecer a sus adversarios (y en este tema las metáforas no valen, señora Bonafini).
Hay demasiada oscuridad cuando tantas sombras se juntan.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Objetos

Pechos operados.
Sergio Sinay
Dos noticias en los diarios del fin de semana coinciden en describir el estado de nuestros vínculos. Una habla de una moda: regalar cirugías. Padres se las regalan a sus hijas al cumplir 15, 18 o 20 años, o al egresar del secundario. Novios se las regalan a sus novias. Maridos a sus esposas (y no sabemos si a sus amantes, la noticia no lo dice). Cirugías: narices, tetas, nalgas, labios, párpados. No seas la que sos, sé la que yo quiero. No te aceptes como sos, tratá de ser como los hombres te desean (mientras te deseen).
La otra noticia dice que crece el consumo de viagra entre los jóvenes (ya el 21 por ciento de los consumidores tienen 20 años o poco más) y entre hombres que engañan a esposas y novias.
Para cada vez más varones, sin viagra no hay sexo. No los inspira el vínculo, la fantasía, ni la mujer que está con ellos. Los estimula una droga, una sustancia química. Sin ella no están seguros de funcionar, temen no poder. Confiesan a los gritos su analfabetismo sexual (contra esto no hay viagra que valga).
Integremos ambas noticias. ¿De que hablan? Para mí, de la vigencia inconmovible del machismo en nuestra cultura. Las mujeres siguen siendo objetos moldeables según el gusto, la voluntad, el capricho y el dinero del varón. Y, como el machismo se sostiene entre varones y mujeres, ellas se prestan gustosas (despojadas de autoestima y dignidad) para complacer, para ser tenidas en cuenta para ser “deseadas” y “valoradas” por padres, novios y maridos. El machismo es, también un negocio. Gracias a la falta de autoestima y dignidad de los propios varones, gracias a sus tóxicas creencias, la industria farmacéutica produce y reproduce por millones una droga que garantiza erecciones, muertes que se silencian (de los muertos o invalidados por consumo innecesario de viagra no se habla) y depredación emocional.
No insistan con que las cosas cambiaron, con que los chicos y chicas de hoy son diferentes. Se necesita más que buenas intenciones para cambiar de verdad algo tan profundo. Hay excepciones, sí, y confirman la regla.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Twitter

Sergio Sinay
El canciller que twitea.
El canciller argentino, adicto a Twitter, pide perdón por los horrores ortográficos y sintácticos de sus mensajes y dice que se deben a que los escribe mientras va de un lado al otro. Como la escritura es reflejo del pensamiento habrá que preguntarse si también piensa como escribe mientras va “de un lado al otro”: con pobreza de léxico y de metáforas, con anemia de palabras e ignorancia de reglas básicas de la comunicación humana. Si sólo fuera él sería preocupante por el cargo que ocupa, pero sabríamos que es algo pasajero (no será canciller eternamente).
El problema es que a la secta completa de funcionarios y políticos, de todo partido y pelaje, se le ha dado por esta forma de evacuación de sus ideas (?), pensamientos (?) y ocurrencias. Son sólo 140 caracteres por mensaje: toda ortografía, toda sintaxis, toda gramática, toda coherencia, toda ilación, toda lógica, toda argumentación o fundamentación mueren ahogadas por el exabrupto y la síntesis absurda. No tienen mucho más para decir: con 140 caracteres les sobra, incluso a menudo los completan (a pesar de las brutales abreviaturas) con signos y puntos suspensivos. Son verdaderas confesiones del vacío mental, intelectual, cultural e ideológico que padecen.
Alguna vez, dentro de mucho tiempo, habrá (esperemos) generaciones que reirán con asombro al comprobar cómo se hacía “política” en esos tiempos oscuros, pobres, desnutridos de sentido y de moral en los que vivimos. O estos seres patéticos lo habrán logrado: habrán contribuido a que perezcamos antes. Y si ya es desalentador que ellos (ministros, jefes de gabinete, legisladores, opositores, oficialistas) se dediquen a esta práctica cotidiana de autosatisfacción que los hace creerse “comunicadores”, es mucho más triste que miles de personas gasten minutos del tiempo de sus únicas vidas en leer estos ominosos balbuceos.

viernes, 27 de agosto de 2010

Espera

Sergio Sinay
Los mineros chilenos deberán aguantar todavía antes de ser rescatados.
¿Cuánto tiempo es cuatro meses? La tercera parte de un año. Casi la mitad de la gestación de una vida. Para un bebé de cuatro meses de edad es toda su vida. Para un condenado a muerte, un pestañeo de tiempo.
Alrededor de cuatro meses deberán esperar los 33 mineros chilenos encontrados con vida para ser rescatados del lugar en el que ya permanecieron tres semanas. Cuatro meses a oscuras, en el fondo de la tierra, simplemente esperando. Como bebés en el útero, aguardando a ser paridos nuevamente.

Mientras esos hombres esperan, en la superficie, lejos de ellos, seguirá habiendo hombres y mujeres movidos por insaciables urgencias. Esas que les impiden esperar en un semáforo en rojo, que les hacen tocar bocina cada dos pasos, que los impulsan a llevarse por delante a quien sea, a no respetar lugares en las colas, a dejar una relación a los dos días si la otra persona no se ajusta a sus exigencias, ésas que les hacen criticar a quienes se toman su tiempo para las cosas, que los empujan a correr cada vez más rápido hacia ningún lugar, a quererlo todo ya, no importa a qué precio.
Cuando los 33 mineros salgan a la luz, esos cuatro meses les habrán cambiado la vida, las mentes, acaso las creencias. Cada segundo de ese tiempo será significativo, habrán aprendido mucho, me imagino, sobre el tiempo, las prioridades, las urgencias. Y sobre lo importante.
Mientras, tantas personas desperdician meses y meses de vidas sin sentido, corren tras urgencias vacías, huyen de instante en instante. “No tengo tiempo que perder”. “No tengo tiempo para vos”. “No me hagas perder el tiempo”. “No me alcanza el tiempo para nada”. Patéticas frases que se escuchan y repiten a cada rato. Frases gratuitas, que no diríamos si estuviéramos cuatro meses atrapados en el fondo de una mina, aprendiendo que el tiempo principal no está en el reloj ni en el calendario. Y que lo más importante no sucede cuando se corre, sino cuando se espera.

viernes, 20 de agosto de 2010

Previa

Sergio Sinay

Los padres abdicaron de algunas de sus responsabilidades.
Un chico, uno más, murió en una previa. No es el primero, no será el último. No es necesario ser vidente ni agorero para decirlo. Cada viernes y cada sábado el ritual trágico se dispara otra vez. Las previas significan, en síntesis, emborracharse antes de la borrachera. 
¿Qué necesita una buena fiesta?, preguntan en una encuesta del Observatorio de Drogas del Sedronar. “Alcohol”, responden adolescentes de 16 años. No amigos, no camaradería, no diálogo, no creatividad. Alcohol. Perder la consciencia, ahogar el vacío de una vida sin proyectos ni modelos. Alcohol. Para sacar la bronca del sinsentido. Para que la destrucción sea rápida y esto se acabe cuanto antes. Para no llegar a adultos porque, a la luz de los ejemplos que reciben, ser adulto es ser un imbécil que se dedica a ganar dinero, a hacerse cirugías, a huir de cualquier compromiso y responsabilidad, a buscar la fácil, a corromperse, a vaciar de sentido los vínculos, a caretear, a decir una cosa y hacer otra. 
Las previas se hacen en casas donde los adultos fingen ignorar lo que ocurre, miran para otro lado, no asumen sus funciones. En casas de adultos que han decidido dejar huérfanos a sus hijos para dedicarse a sí mismos, a sus patéticas urgencias. 
Hay algo peor que la previa. Es la previa de la previa. La previa deserción de los padres, las previas adicciones de los padres (adictos a psicofármacos, a tarjetas de créditos, al shopping, a la eterna y fingida juventud, a lo material, a la hipocresía), el previo infantilismo de padres que no quieren ser adultos, la previa irresponsabilidad de padres sin respuestas para sus hijos. Murió otro pibe.

“¡Qué barbaridad”!, dirán. Y, mientras no sea el propio hijo, seguirán mirando para otro lado. Hace rato que lo hacen. Lo seguirán haciendo. ¿Duele leerlo? Pregunten a los chicos cuánto duele vivir con padres ausentes de sus funciones.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Niño

Sergio Sinay
Chicos jugando.
La gran noticia del domingo 8 de agosto, Día del Niño, fue que el consumo destinado a festejar ese día subió este año un 20 por ciento y que, en las jugueterías y negocios del rubro infantil mucha gente tuvo que hacer hasta una hora de cola para pagar. Una sociedad de consumo, en la cual la rentabilidad es prioritaria frente a la necesidad (como brillantemente lo describe Raj Patel en Cuando nada vale nada, libro que ya cité aquí) necesita de padres adictos al consumo para educar desde pequeños a niños consumistas. 
Esta noticia me provocó algunos interrogantes: ¿cuántos de estos padres y madres que gastaron una hora de sus vidas (y muchos pesos) en una cola, dirán después que no tienen tiempo para estar con sus hijos? ¿No habría sido mejor dedicar esa hora a jugar con sus chicos, a pasear, a charlar, a reforzar el vínculo (o a crearlo) a través de algo que no sea material y que no se parezca a una transacción (“Mirá lo que te compré para que veas cuánto te quiero y para que me quieras”)? ¿Mientras aumentaba un 20 por ciento el consumo rabioso en el mercado infantil, en qué porcentaje aumentó la desnutrición y la mortalidad infantil y la deserción escolar? ¿Cuánto tardarán el jefe de gabinete o la Presidenta para hacer uso de su incontinencia verbal y decir que este consumo es un logro de la asignación universal por hijo? 
Día del Niño. Otra postal de una sociedad que ya no sabe con qué rellenar sus vacíos de sentido. ¿Y si empezáramos por sincerarnos y lo llamáramos, como corresponde, Día de la Industria del Niño?

jueves, 15 de julio de 2010

Buenos

Sergio Sinay

Seleccionado español de fútbol, campeón del mundo.
Según un dicho que suelen citar muchos tramposos, ventajeros, oportunistas y pragmáticos, ganar no es lo más importante: es lo único que importa. Para ellos, el fin justifica los medios.
En fútbol, Holanda había perdido dos finales (en 1974 y 1978), pero había quedado en la memoria de quienes amamos este deporte como un equipo que revolucionó el juego, le dio aires nuevos y libres, produjo una revolución intelectual y lo hizo todo con las mejores artes. Holanda acaba de perder su tercera final. Esta vez quedará en el recuerdo como un equipo violento, artero, quejoso, que renegó del juego y de sus propias (escasas) virtudes en busca de destruir las del rival con las peores armas, todo esto apañado por un cómplice impresentable como el árbitro inglés Howard Webb.
El actual técnico holandés (Bert Van Meiwijk) y estos jugadores destruyeron aquella reputación y aquella memoria a cambio de nada. “Yo quería ganar aunque no fuera jugando bien”, dijo Van Meiwijk. Perdió. Y no sólo el partido: también reputación, memoria y respeto. Quien sabe cuándo y cómo Holanda los recuperará.
Quizás de esto puedan tomar nota muchos en la política, en los negocios, en la cultura, en las relaciones interpersonales. Ganar no es lo más importante. Es una consecuencia. España es hoy campeón del mundo porque lo más importante para sus jugadores y para su técnico (Vicente del Bosque, un señor en la derrota y en la victoria, un hombre mesurado, que no usa rosarios enrollados en la mano, ni dos relojes, ni besuquea para las cámaras a sus jugadores, ni insulta en las conferencias de prensa, ni se pone al servicio de quien sea si quien sea tiene poder) creen que jugar bien es lo más importante. Y se prepararon para ello durante muchos años, y tuvieron paciencia y humildad (no exitismo y soberbia).
Y no ganaron ni con ayuda de Dios ni de algún ídolo iluminado, sino con la maravillosa sinergia de un equipo en el que cada quien fue parte de un todo que fue más que la suma de las partes, Una vez más, el fútbol da material para reflexionar sobre modos de vivir.
Y como en la vida, de tanto en tanto, en el fútbol ganan los buenos.

miércoles, 16 de junio de 2010

Decir

Sergio Sinay 
Los asambleístas de Gualeguaychú dicen que son pacifistas. ¿Pero qué le ocurriría a quién intentara, haciendo uso de su derecho a circular libremente, cruzar el puente tomado? La Presidenta le dice a Lula que no hay prohibición sobre las importaciones, mientras camiones brasileños permanecen impedidos de avanzar en la frontera y mientras los supermercados dicen que se les “sugiere” no comprar productos importados.
Los temibles y violentos barras bravas argentinos lucen banderas oficialistas en el Mundial mientras funcionarios del gobierno dicen no tener nada que ver con ellos. Los dirigentes de los clubes de fútbol dicen que respetan los contratos mientras despiden directores técnicos. El gran poeta inglés (luego nacionalizado estadounidense) Wynstan Hugo Auden (1909-1973) sostenía que “"si el lenguaje está corrompido, lo que está corrompido es el pensamiento".
Y es evidente que, cada vez más, el lenguaje, en esta sociedad, está corrompido. No se usa para comunicar sino para manipular, para ocultar. Empobrece día a día, en los medios, en Internet, en los mensajes de texto, en el habla. Y esto nada tiene que ver con purismo idiomático. Es más grave. Cada palabra es un pensamiento. El modo en el que las palabras se relacionan y se convierten en frases, refleja la manera en que pensamos.
Si faltan palabras, faltan ideas. Si las palabras mienten, los pensamientos son falsos o perversos. La comparación entre lo que decimos y lo que hacemos habla de nuestra integridad. Si el “miente, miente que algo quedará”, del siniestro Goebbels, se hace costumbre en una sociedad, el sagrado puente del lenguaje deja de unir a las personas y el otro se convierte en alguien lejano. Aunque tenga patas cortas, la mentira deja siempre daños grandes. Y no siempre reparables.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Rateadas

Sergio Sinay
  Escolares de Mendoza, que iniciaron los “faltazos” en los colegios.        
El último grito de la moda virtual es la rateada colectiva. La convocatoria nacional (y, al parecer, ya también internacional, pues cundió en Uruguay) a desertar durante un día entero del colegio. Miles de chicos se encolumnan detrás de ella. Miles de adultos se horrorizan. ¿Será el fin de la disciplina, el fin de la escuela? Como era de esperar, las autoridades educativas (ministros, viceministros y otros burócratas de altura que hace tiempo no ven un chico real, de carne y hueso, sino que sólo leen estadísticas e informes), no tienen respuesta. Peor: no tienen explicación. Esto los encuentra en otro lado.
Mientras tanto, ¿de qué nos asombramos? En un país en el que diputados y senadores se ratean todo el tiempo y usan la rateada como método extorsivo, ¿por qué no habrían de ratearse los chicos? En un país en el que el piquete es la excusa cotidiana para ratearse del trabajo, abandonar responsabilidades y deberes, ¿es más grave lo de los chicos? En un país donde si uno llama a un número de atención al cliente (en cualquier rubro) los que deberían atender no atienden jamás (se ratearon de la atención), ¿los chicos deberían estar sí o sí en sus pupitres? En el país de los ñoquis, en el que decenas de miles de vagos irrecuperables cobran sueldos que pagamos todos, gracias a sus padrinos políticos y sin ir a trabajar, ¿qué es la rateada estudiantil? Es simplemente un síntoma, el modo en el que, igual que un espejo, los chicos nos devuelven la imagen de la sociedad en la que crecen. Nos recuerdan la ausencia masiva de sus padres, que día a día se ratean de la función materna y paterna delegándola en la computadora, Internet, la televisión, el cibercafé, el boliche, la hamburguesería, el terapeuta, el pediatra, la escuela. La rateada es un grito de quienes nos recuerdan así que existen, que necesitan escucha, mirada, atención, guía, comprensión, estímulo, modelos. Es deber de los adultos no ratearse ante este llamado y no responder a él con hipocresía o con autoritarismo.      

lunes, 10 de mayo de 2010

Alice

Sergio Sinay
 El escritor Jorge Sinay.
Los niños no tuvieron hasta hoy una abogada más comprometida, más valiente y más honesta. Ella se atrevió a llamar las cosas por su nombre, a mostrar sin metáforas el maltrato directo y violento (abuso sexual, golpes, castigos) y el maltrato disfrazado de “amor” (sobreprotección, chantaje emocional, compra de la voluntad a través de regalos de todo tipo, abandono afectivo) que los adultos ejercen día a día, con pocas excepciones. Alertó sobre la relación directa entre este tipo de pedagogía y el modelo de sociedad adulta que el mismo produce.
Denunció el modo en que los padres moldean a sus hijos de acuerdo con sus deseos, intereses, resentimientos o cuestiones personales no resueltas. Mostró cómo los hijos, para sobrevivir, se adaptan a lo que sea, como aprenden a no sentir lo que sienten, a desviar emociones, a negar su propia historia. Y cómo, cuando se rebelan, son aplacados a fuerza de medicación, psicoterapias cómplices, manejos psicopáticos, todo desde una aceitada y sutil conspiración adulta. Lo comprendió a partir de su propia vida.
Escribió obras poderosas, implacables sobre este tema, como Salvar tu vida, Por tu propio bien, El saber proscrito, El drama del niño dotado, La llave perdida y otros.
Se llamaba Alice Miller, era filósofa y psicóloga, había nacido en Polonia, se formó y vivió en Suiza desde la adolescencia y murió el 14 de abril de 2010, a los 87 años en Provenza, Francia. No cesó en su misión hasta el último día. Miles de personas dijeron que los libros de Miller les cambiaron la vida. Si fue así, muchos niños serán amados como necesitan y merecen. Agradezco haber accedido a su obra y a su trabajo, que enriquecieron mi pensamiento, abrieron mi corazón y me confirmaron ideas e intuiciones.
Gracias, Alice, por una vida con sentido.