lunes, 23 de noviembre de 2009

El dilema del salario



Por Ricardo Esteves

Eterna discusión en la Argentina: ¿salarios altos o salarios bajos? Hay escuelas que defienden una u otra postura. Más allá de las posiciones teóricas, ¿cómo se determina en los hechos el nivel de salarios en el país?

Los salarios bajos son impuestos por el Estado cuando, como consecuencia de su escasez de recursos, se ve obligado a aplicarle un ajuste a la sociedad civil. En última instancia, lo que se ajusta -obviamente, hacia la baja- son los salarios. Como básicamente sus egresos son salariales, así es como el Estado recompone su solvencia. Apenas se aplica el ajuste y se reinstaura el orden macroeconómico, se inicia otra historia: comienza una carrera fervorosa hacia otro nivel alto de salarios. ¿Quiénes la impulsan? Una combinación entre el poder sindical, la patronal de los industriales -para vender más sus productos- y los gobernantes de turno, para capitalizar políticamente el humor social de los "bolsillos llenos". La punta de lanza es siempre el asalariado del sector privado. Pero como es imposible que el aumento que se otorga a los privados no se repita, luego, en el ámbito estatal, y cuando ese aumento recae en el sector público produce un desequilibrio en las finanzas que deviene en situación crítica. ¿Cómo se destraba esa situación? ¡Con un nuevo ajuste!

Cada vez que se produce un ajuste se alteran todos los procesos económicos. Además del impacto sobre las familias y los particulares, se afecta al sector empresarial, donde quedan en zona de alto riesgo los proyectos de inversión en curso.

Es más que obvio que el ideal de toda sociedad es tener el nivel de salarios más alto posible. ¿Por qué en nuestro país no conseguimos sostenerlos cada vez que se intenta elevarlos? Lo que salta a primera vista es la incapacidad del Estado para pagar esos sueldos sin llevar a la quiebra las finanzas públicas. En el fondo, el nivel de sueldos que se pretende imponer no se condice con las posibilidades reales de la economía.

Si el nivel de salarios se pudiera imponer por decreto, bien podría Tanzania llevar su salario mínimo a 5000 dólares mensuales y pasaría automáticamente a ser el país con el estándar de vida más alto del mundo. Pero nadie podría en aquel país hacerse cargo de semejante erogación.

La causa profunda de la imposibilidad de sostener niveles elevados de salarios sin que sean carcomidos por la inflación y los ajustes es que los salarios son determinados, en cualquier sociedad, por el nivel de productividad general de esa economía. ¿Por qué es importante la productividad? De un modo simplificado, la productividad es la cantidad de bienes que pueden producirse por trabajador. Si una fábrica de zapatos produce cinco pares por día por trabajador e incorpora una máquina gracias a la cual pasa a producir 20 pares de zapatos al día, con esa inversión -la de la nueva máquina- está incrementando su productividad. Si ese proceso es algo que está sucediendo en gran escala en toda la sociedad, con la misma cantidad de gente trabajando, esa comunidad está produciendo cada vez más bienes. Si produce más bienes, dispone de más bienes para consumir o para exportar, con lo cual aumenta también su capacidad de comprar artículos que producen otras sociedades. Poder consumir más equivale a tener un salario más alto.

La empresa que produce 20 pares de zapatos diarios por operario, aparte de generarles mayores ganancias a sus accionistas y más divisas al país si exporta su producción está en condiciones de pagar un salario más alto que la empresa que sólo produce cinco pares. Y aquellos países en los que las empresas que hacen zapatos producen 200 pares día/trabajador -aunque muy probablemente ni siquiera produzcan ya zapatos, sino bienes tecnológicamente más complejos- y en los que las empresas de los otros rubros tienen un grado de eficiencia -productividad- equivalente, fruto de máquinas más modernas y no porque trabajen más horas o sean mejores zapateros, esos países pertenecen al pelotón de los que pagan los mejores salarios. Entre ellos deberíamos estar algún día. Alguna vez durante el siglo XX el país se acercó a ese pelotón, del cual no ha cesado de alejarse desde entonces. Si vinieron inmigrantes de Francia y otros países de Europa no fue porque acá se pagaran salarios más bajos que en sus países de origen.

Por eso, el único camino para mejorar el nivel de vida de los argentinos pasa por la inversión y el aumento de la productividad. Sin inversión estaremos siempre repartiéndonos la misma cantidad de bienes y servicios. Según quien tire más fuerte del mantel, una vez les tocarán más bienes a unos, otra vez a otros.

El eje central de una política económica que tenga por fin mejorar el nivel de salarios está en el éxito que tenga para atraer y concretar inversiones. Aquella política económica que no lo consiga está condenando a su sociedad al estancamiento.

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