sábado, 22 de mayo de 2010

Cuando la Justicia mea en la vereda

Miguel A. Brevetta Rodriguez
 Luis D`Elia pegando a alguien que osó cuestionarlo.
No hace mucho tiempo la prensa nacional advirtió que un tribunal había recurrido a una cita de Dominicio Ulpiano (¿170?- 228 d.C.) para abonar su sentencia, lo que resulta un tanto extraño en atención al curso de la historia, los anales del derecho y el tiempo transcurrido. Pero, en materia judicial, en un país sin reglas de juego claras, nadie puede invocar sorpresa, cuando la realidad a diario, excede a la ficción.
Estos últimos años se han caracterizado por un desmedido manoseo institucional. La sucesión de dictaduras que gobernaron nuestro país –sin conciencia, ni formación jurídica- irrumpieron en el ámbito judicial desordenando y desnaturalizando el debido procedimiento legal, amén de las garantías constitucionales.
Y como no podía ser de otra manera, los más altos resortes jurisdiccionales, no tardaron en adecuar esos procedimientos vandálicos al deber ser, convalidando así actitudes ultra distantes con la naturaleza del derecho.
Superada la dictadura, parece que aún quedan resabios por desterrar, pues se conoce que más de un magistrado en lugar de juzgar con decoro e independencia, espera la orden “de arriba” previa a dictar sentencia. Digamos, que se convirtieron en meros engranajes funcionales al poder que los colocó en sus asientos, para desvirtuar la esencia del derecho.
Muchas veces nos negamos a admitir como cierto que estas cosas sean parte de este estado de derecho, que no termina de acomodarse, dentro de los causes normales por donde deben transitar los justiciables.
Hace unos días: “La Sala I de la Cámara en lo Penal Contravencional y de Faltas porteña confirmó ayer la absolución de Luis D'Elía por el corte de la avenida Rivadavia que llevó adelante el año pasado, en un fallo en el que se comparó esa movilización con las puebladas a Plaza de Mayo de 1811, en los albores de la Patria; el 17 de octubre de 1945 -Día de la Lealtad peronista-. La resolución a favor de D'Elía resaltó que en esas ocasiones los manifestantes tampoco pidieron permiso para movilizarse y exteriorizar sus reclamos y adhesiones.”1
De estos fallos, que se cuentan por miles, se podrían escribir innumerables libros de “humor legal”, pues no causan más que risa, cuando se supera la indignación. Sin dudas que el tribunal, no analizó como se debe, la verdadera causa del sumario, es decir que el alboroto producido por el pionero del “pikete”, era en apoyo a la candidatura de Kirchner a diputado nacional, donde también se le exigía "más morochos" en las nominas de candidatos.
¿Cómo es posible asimilar estas “bravuconadas pagas”, con hechos históricos como lo fueron las dos únicas revoluciones populares de 1811 y 1945, que se conocen en nuestro país? ¿Será necesario llegar a tanta obsecuencia para satisfacer los mandatos del mandamás de turno?
Lo triste de esta nota, es que no estamos en tratamiento de un hecho aislado, ni de un contratiempo realizado en solitario. Estas malas prácticas se reiteran a diario en toda la Argentina, como icono indiscutido de la sumisión de un poder ante otro, de iguales características y jerarquía. Tal vez la única diferencia sea, que el dominante dispone del efectivo.
Descubrir a nuestra justicia haciendo “injusticias” es lo mismo que sorprender a un digno caballero orinando en la vía pública. Lo que causa, un poco de risa y un tanto de indignación.

Fuente
1- Diario Perfil. 19/05/2009.-

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