sábado, 20 de febrero de 2010

A Dios rogando


Bueno, bueno. Tuvo que venir la televisión nacional para que los dos obispos de Santiago y el de Añatuya empezaran a ver con preocupación “la situación de la salud de los más humildes de nuestra provincia” y “el momento que atraviesan los hospitales ante la falta de insumos y los conflictos laborales”.
Aleluya. Era hora.
Francisco Polti, Adolfo Uriona y Ariel Torrado se jugaron. Como prueba, baste decir que llamaron a la comunidad cristiana “a orar al Señor, para que pronto se encuentren caminos de diálogo y de consenso, y así se superen las actuales dificultades”.
Ahora sí. Tiembla el gobierno. Se esperanzan los auto-convocados. La población respira aliviada. Las beatas de los templos católicos mueven sus dedos sobre las cuentas del Rosario con más prisa.
“Exhortamos a los involucrados a abrir la mente y el corazón para escuchar a los otros a fin de que, con creatividad, se encuentren las soluciones adecuadas”. Dicen los tres obispos de la provincia. Piden escuchar a los otros. Que es lo que los auto-convocados piden desde el principio, que los escuchen. Y que viene a ser el principal problema. Desde el principio del conflicto, o sea.
“Reiteramos, a todas las comunidades, nuestro pedido de oración al Señor para que los servicios hospitalarios se normalicen lo antes posible”.
“Que Nuestra Señora de la Consolación de Sumampa, Madre de los santiagueños, interceda ante su Hijo en esta difícil circunstancia”.
Esta última parte está bien. Muy bien.
A Dios rogando.
Pero con el mazo dando.
Fotos: Arriba, Francisco Polti.
Abajo, Adolfo Uriona.

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